¿Pueden los cristianos ser cristianos en cualquier lugar?

Leon

¿Pueden los cristianos ser cristianos en cualquier lugar?

Por George Bailey

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Muchos dicen: “A causa de las malas influencias, no puedo vivir la vida cristiana.” ¿Es esto verdad? ¿Prevalece siempre la oscuridad sobre la luz? ¿Puede la luz superar la oscuridad? ¿Pueden los cristianos ser cristianos en cualquier parte?

            Piense en la fidelidad de Noé. En un tiempo en el mundo era tan malvado que cada pensamiento del corazón del hombre era continuamente el mal pero Noé era justo. Me pregunto si el mundo alguna vez fue tan malo. El hermano Marshall Keeble, en su forma característica de hablar decía: “El mundo estaba tan sucio que Dios le tuvo que dar una buena lavada. Pero la próxima vez, en lugar de lavarlo, solo lo amontonará y lo quemará porque el lavarlo no le hará ningún bien.” Pero, Noé permaneció fiel aunque el mal predominaba. Por lo tanto, es posible que la gente viva bien cuando la mayoría vive mal.

            En II Timoteo 3:12, se nos dice: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.” En Mateo 18:7 Jesús dijo: “¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos.” En Juan 16:33 él dice: “En el mundo tendréis aflicción.”

            Después que Jesús había sido tentado por el diablo, Lucas 4:13 dice que el diablo lo dejó por un tiempo. Sin embargo, tenga por seguro, que aunque el diablo pueda huir de usted por un momento, él regresará. Es muy persistente. En el mundo podemos esperar pruebas. Dios nunca le prometió a su pueblo un paraíso aquí. Los cristianos tendrán situaciones difíciles.

            Preguntemos: “¿Pueden los cristianos ser realmente cristianos en cualquier lugar?” O de otra manera: “¿Pueden los cristianos ser cristianos en cualquier situación?” Medite en esta pregunta en relación a los antecedentes históricos del Nuevo Testamento.

SI BAJO ESOS EMPERADORES―ENTONCES BAJO CUALQUIER TIPO DE GOBIERNO.

            Es interesante y triste estudiar los emperadores del Imperio Romano. Durante los días de los griegos, los emperadores en su conjunto eran bastante buenos. Pero durante los primeros 150 años del Imperio Romano, fue muy diferente.

            Cuando empezó la historia del Nuevo Testamento, Augusto era el emperador romano. Reinó del 30 a.C. al 14 d.C. Su nombre era realmente Octavio, pero el Senado votó para otorgarle el título de Augusto. Augusto viene de la palabra augure, que significa “incrementar.” El término Augustus nunca se había aplicado a alguien hasta esta acción del Senado. De la palabra Augusto obtenemos la palabra augusto. Por lo tanto, él fue declarado divino y más tarde fue considerado un dios.

            Augusto estaba reinando en el momento en que Jesús nació. Tenía una mente brillante pero era terriblemente perverso. No tenía ningún tipo de consideración por la religión o los principios religiosos. Podría matar a los hombres sin golpear un ojo. Cuando se hizo emperador, él y algunos otros dignatarios decidieron eliminar a todos sus enemigos. Tenían trescientos senadores y dos mil hombres de negocios condenados a muerte sin juicio. Si el cristianismo hubiese nacido durante el tiempo de un gobierno democrático, podríamos preguntarnos si funcionaría bajo algún otro sistema de gobierno. Pero si pudo crecer bajo el gobierno de Augusto, puede crecer en cualquier parte.

            Tiberio le siguió a Augusto. Tiberio reinó del 14 d.C. al 37 d.C. Muy pocas personas han matado con tan poca razón como lo hizo este hombre. No tenía nada de simpatía por la creencia de un hombre en la deidad. La Biblia habla de Tiberio en Lucas 3:1. El cristianismo de hecho surgió realmente bajo el reinado de Tiberio.

            Calígula reinó sobre el trono del 37 d.C. al 41 d.C. Estaba loco e intoxicado con el poder. Mientras estaba en un banquete con algunos amigos, de repente se echó a reír. Alguien dijo: “¿Por qué te ríes? Y respondió: “Estaba pensando que sólo con asentir con mi cabeza podría tener todas sus gargantas cortadas.” Mientras abrazaba a una de sus amantes, dijo: “Esta hermosa cabeza te la podría quitar si diera la orden.” Durante una escasez de carne en el zoológico, Calígula ordenó que todos los prisioneros calvos alimentaran a los animales en el zoológico. Hizo actos atroces sin siquiera vacilar. Debido a que el cristianismo avanzó muy bien en esos días en que los tiranos estaban en el trono ¿sería difícil que avanzara también en la actualidad? Hemos sabido algo sobre algunos líderes rusos, pero ¿Se podrían comparar con los emperadores romanos?

            Claudio reinó del 41 d.C. al 54 d.C. Su mamá lo describió como un monstro. De hecho, cuando ella se molestaba con alguien, con frecuencia decía, “Él es más tonto que mi propio hijo Claudio.” La Biblia hace mención de Claudio en Hechos 11:28 y en Hechos 18:2. Claudio realmente quería ser dios. De hecho, tenía las cabezas de todas las estatuas de los dioses quitadas y una réplica de la suya colocada en lugar de ellos. Su madre decía: “Es un monstro, un aborto de la naturaleza.”

            De todos los emperadores, supongo que Nerón fue el peor. Reinó del 54 d.C. al 68 a.C. Él tenía sus esclavos que erigían algunas cruces en su magníficos jardines. Luego, tenía atados o crucificados en esas cruces. Saturaban sus cuerpos con brea inflamable y les prendía fuego. Disfrutaba ver el derramamiento de sangre, especialmente si era la sangre de un cristiano. Se divertía en alimentar a sus leones con cristianos. Algunas veces vestía a los cristianos con pieles de animales. Luego, soltaba a los perros y dejaba que los despedazaran. Él mató a su propia madre. También mató a su hermanastro. Hizo que una de sus esposas se suicidara. Envenenó a la tía que lo había criado. Más tarde incendió Roma y mientras se quemaba él se la pasaba cantando. Los cristianos se convirtieron en el chivo expiatorio de su horrible crimen. ¿Pudo la gente ser cristiano bajo el gobierno de Nerón? En Hechos 25 y 27 se hace mención de este gobernante en particular referido como César. En Filipenses 4:22 Pablo habla de los santos en la casa de César. Nerón era el emperador en el trono cuando se hizo esta declaración. En otras palabras, los cristianos podían serlo incluso bajo Nerón.

            Más tarde, fue Vespasiano, Tito, Domiciano, Nerva, Trajano y Adriano. Durante el reinado de Domiciano, Juan escribió el Apocalipsis. Adriano llegó hasta cerca del 137 d.C., momento en el que el Nuevo Testamento había sido completado y la iglesia se había extendido por todo el imperio Romano. Los cristianos pudieron ser cristianos incluso con los impíos emperadores en el trono.

SI BAJO ESOS ENCARGADOS―ENTONCES BAJO CUALQUIER GOBERNANTE

            No solo había emperadores malvados en el trono durante las primeras etapas del cristianismo, sino que también hubo encargados sumamente malvados que el gobierno romano ponía en el poder. Por ejemplo, estaba Herodes el Grande. Él empezó su reinado como rey de Judea en el 37 a.C. y reinó hasta el 4 a.C. Jesús nació durante los días de Herodes el Grande. Herodes hizo ejecutar a una de sus bellas esposas. Arrestó a su hijo Antípater y lo ejecutó. Augusto, el emperador, dijo: “Es mejor ser el cerdo de Herodes que ser su hijo.” Alguien dijo: “Herodes llegó al trono como un zorro, gobernó como un tigre y murió como un perro.” Herodes fue un gran constructor. Hay rastros del periodo herodiano por todo el Medio Oriente. Fue un gran constructor, pero un gobernante perverso.

            Hubo siete Herodes en total. Uno de los hijos de Herodes el Grande, fue Herodes Antipas. La Biblia tiene más que decir sobre Herodes Antipas que sobre cualquier otro Herodes. Por ejemplo, en Lucas 3:1, la Biblia dice que Juan el Bautista predicó durante el año quince del reinado de Tiberio César. En este pasaje también se hace mención de Poncio Pilato, el gobernador y Herodes Antipas, el gobernante de Galilea. Herodes se había casado con su sobrina, que en realidad era la esposa de su medio hermano, Felipe. Se la robó a su medio hermano y se casó con ella. Estos hombres no tenían escrúpulos en casarse con sus parientes más cercanos ni en tomar la esposa de otros hombre. Fue por este particular Herodes que Juan el bautista fue decapitado. Juan había dicho que era ilícito para Herodes tener a Herodías como esposa. Debido a la influencia de Herodías, Herodes ejecutó a Juan. Jesús llamó a este Herodes “aquella zorra” (Lucas 13:31, 32). Fue también bajo este Herodes Antipas que Jesús fue juzgado (Lucas 37:7-12).

            También estaba Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande. El Nuevo Testamento no dice mucho de él. Sin embargo, era tan cruel que mató a Santiago a espada en Hechos 12.

            Si los cristianos pudieron ser cristianos bajos estos encargados, entonces nosotros podemos ser cristianos bajo cualquier gobernante.

SI EN ESAS CIUDADES―ENTONCES EN CUALQUIER LUGAR

            Además de estos emperadores romanos y encargados, ciertas ciudades eran muy malas en los días del Nuevo Testamento. La ciudad de Pérgamo, una de las siete mencionadas en Apocalipsis, era una ciudad como esas. En Apocalipsis 2:12-17 el Señor habló respecto a Pérgamo y dijo: “dónde está el trono de Satanás” (v. 13). No solo Satanás existía ahí, sino que ejercía una poderosa influencia en esa ciudad. Ahí se sentaba en su trono. Lo que era el trono de Satanás, no es claro. Pérgamo tenía un templo que fue edificado en el 29 a.C. en honor de Augusto. Por lo tanto, Pérgamo era un centro de adoración al emperador. Tal vez este templo era el trono de Satanás. Pérgamo había erigido un altar a Zeus y tal vez esto era lo que el Señor tenía en mente cuando habló del trono de Satanás. Sin embargo, incluso en una ciudad como ésta había cristianos fieles. El Señor dijo que había algunos que habían permanecido fieles, incluso en el cuartel general de Satanás (v. 13). Ahora bien, si los cristianos pudieron ser cristianos en Pérgamo, los pueden también ser en cualquier parte del mundo.

            Piense en la ciudad de Éfeso. Éfeso era una de las grandes ciudades de ese día. Aparentemente, era una hermosa ciudad. Tenía una de las siete maravillas del mundo, el templo de Artemisa o el templo de Diana, la diosa. Había mucha inmoralidad relacionada con ese templo. A cada paso había incitaciones para pecar. Sin embargo, Pablo dijo que una gran y eficaz puerta se abrió en Éfeso (I Corintios 16:9). Pablo trabajó más tiempo en esa ciudad de Éfeso que en cualquier otro lugar en su ministerio. Los cristianos pudieron ser cristianos incluso donde estaba el templo de Diana.

            Piense en Corinto. Corinto era probablemente la ciudad más inmoral de ese día. Los griegos habían acuñado una palabra de la palabra Corinto que significaba practicar la prostitución. La Acrópolis estaba a 450 metros por encima de la ciudad y ahí estaba el templo de Afrodita, la diosa del amor. El templo de Afrodita empleaba a mil prostitutas religiosas. La gente iba ahí a fornicar en nombre de la religión. Decir que un hombre era un “corintio” era uno de los peores comentarios que se podían hacer de él. Sin embargo los cristianos podían ser cristianos aun en Corinto.

            Atenas era la gran ciudad del aprendizaje. Altares a los dioses paganos estaban por doquier. Incluso un altar al dios desconocido estaba en esta ciudad. Habían hecho un dios de la sabiduría y el aprendizaje. Pablo se quedó casi solo cuando entró en la ciudad. Pero dejó una iglesia allí. Los cristianos pudieron ser cristianos incluso en Atenas. ¡Si, había iglesia incluso en Atenas!

CONCLUSIÓN

            Si los hombres pudieron seguir al Señor bajo Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Vespasiano, Tito, Domiciano o Adriano, los cristianos pueden ser cristianos en cualquier parte. Si los cristianos pudieron serlo en Pérgamo, Éfeso, Corinto o Atenas, los cristianos pueden serlo donde sea. Por lo tanto, el Señor nos ha hecho saber con seguridad que, “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).

            En II Corintios 2:14 Pablo dijo que Dios siempre (no algunas veces, ni ocasionalmente, no de vez en cuando) nos hace triunfar en Cristo. ¡Cuánto consuelo el Señor nos ha dado! Él dijo: “Se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10). Romanos 8:37 dice: “Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” Los cristianos pueden ser cristianos en cualquier lugar. El cristianismo es un sistema que funcionará bajo cualquier emperador o cualquier forma de gobierno.

            Cuando alguien dice: “Debido a las malas influencias alrededor mío, no puedo vivir la vida cristiana,” no lo crea. Los cristianos pueden ser cristianos en cualquier parte. En ciertos lugares podría ser extremadamente difícil, pero los cristianos pueden ser cristianos en cualquier parte.

Pida   al   Señor   ayuda   cuando   su   fe  esté amenazada; Apóyese en Él. Si Pablo y otros pudieron soportar todo lo que soportaron, si los mencionados en Hebreos 11 pudieron permanecer fieles a pesar de todo lo que se les lanzó contra ellos, entonces el Señor nos está diciendo que independientemente de cualquier terrible situación, los cristianos pueden ser cristianos.

Al español

Jaime Hernández Castillo

Querétaro, Mex.  Mayo del 2017

 

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PUERTOS INADECUADOS

PUERTOS INADECUADOS

POR GEORGE BAILEY

Puerto

Pablo aceptó con gusto la responsabilidad que el Señor le dio, la de convertirse en un “instrumento escogido.” Esa responsabilidad lo llevó a enfrentarse cara a cara con muchas experiencias amargas y difíciles. Sufrió mucho por su Señor. Para que se dé una idea de lo que tuvo que pasar, debe leer el relato de II Corintios 11.

            La celda se hizo algo familiar para él. Fue ahí donde obligado, pasó algunos de los mejores años de su vida―no por el mal que había hecho sino por ser justo. Así lo dijo, “Peligramos a toda hora…cada día muero…batallé contra fieras” (I Corintios 15:30-32).

            ¿Por qué es tan difícil que la justicia prevalezca? ¿Por qué algunos están siempre decididos a hacer daño a la causa del Señor? Siempre ha sido así y supongo que siempre lo será. Parecía que los enemigos de la cruz disfrutaban llevar a Pablo al tribunal. Se deleitaban al verlo maltratado y perseguido. Se esforzaban para que no hubiera justicia en sus juicios; pero, como ciudadano romano Pablo usó su libertad para apelar al César.

            Dijo, “Si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo. Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A César has apelado; a César irás” (Hechos 25:11, 12).

            Pablo fue hasta César. Esto requería un viaje a Roma, la capital del gran imperio. Se hicieron los preparativos y se fijó la fecha para el largo y agotador viaje. Los barcos de entonces eran muy rudimentarios, el navegar era con frecuencia era peligroso y los barcos que se aventuraban enfrentaban graves peligros.

La dificultad marítima

            Pablo y otros prisioneros, fueron puestos bajo la custodia de un centurión de la compañía de Augusto. La travesía daba inicio. En el capítulo 27 de Hechos se puede encontrar la interesante historia de este peligroso viaje.

            Al leer el relato, veamos algunas dificultades que enfrentaron. Se nos dice que “habiendo pasado mucho tiempo y siendo ya peligrosa la navegación” (v. 9). Los vientos muchas veces no ayudaban. A los miembros de la tripulación y a los pasajeros se les advertía que el viaje sería difícil y con mucho daño, no solo para la carga y el barco, sino también para sus propias vidas. Los vientos eran impetuosos. Esto produjo “una tempestad no pequeña” (v. 20). Una vez que el barco se vio envuelto en la tormenta, “no pudiendo hacer frente al viento,” como la traducción literal del pasaje sugiere. Se dice que el capitán del barco “lo dejó a la deriva.”

            Gran parte del trabajo lo hacían los responsables de la nave. La nave era agitada tremendamente por la tempestad que era casi imposible dirigirla correctamente. Además los vientos violentos, pertinaces y las olas embravecidas sin misericordia, los enfrentaron a la posibilidad de naufragar. “Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días.” ¡Qué peligros creaban el mar y el clima!”

La necesidad de un puerto

            La naturaleza parecía decidida a destruir esa embarcación. En esa terrible situación, su capitán necesitaba de un puerto. Las embarcaciones necesitan de puertos, porque no pueden navegar a mar abierto por siempre. ¡Ni tampoco podemos nosotros! El hombre cansado y afligido debe encontrar un refugio o un lugar de descanso en el camino, de lo contrario, las violentas tormentas de la vida harán naufragar su barco.

            No podemos esperar que el mar esté siempre calmado. Soplarán vientos contrarios. Nos aguardan en el viaje de la vida dificultades graves. En ocasiones, el mar se hará impetuoso. Será difícil para nosotros “hacer frente a los vientos de la vida” y también existirá la posibilidad de naufragio.

            Como todas las naves que surcan los mares, el hombre, también debe tener un lugar de refugio. Su alma anhela un buen puerto en el que con seguridad pueda anclar su alma en paz.

            Sería ridículo para un barco anclar en un puerto que se conoce como inseguro. No todos los puertos son seguros. Las naves pueden estar más seguras en el mar que en algunos puertos. Todos los que navegan en el océano de la vida añoran un refugio en que sus vidas puedan estar estables cuando los vientos contrarios golpean o la tempestad amenaza.

Un puerto que no era adecuado

            Durante el viaje de Pablo a Roma, el capitán del barco se negó a quedarse en el puerto porque era “incómodo el puerto para invernar” (Hechos 27:12). El puerto era llamado “Buenos Puertos” (v. 8). Contrario a lo que el nombre pudiera sugerir, no era un lugar seguro para que la nave anclara.

            Aquí está el corazón de nuestra lección. Por lo que se refiere a las necesidades de la nave y la conveniencia de refugiarse ahí, este puerto no era fiel a su nombre. No era ciertamente un “buen refugio.” Podría haber estado todo bien en algunas ocasiones, ¡pero no haría que la nave estuviera segura durante la tormenta!

            La expresión, “incomodo el puerto para invernar,” significa “no apropiado, no bien equipado o ubicado, no adecuado; no adaptado.” Si la nave anclaba ahí, podría estar sujeta a posibles daños y finalmente al naufragio por las tormentas y el invierno por venir. Simplemente no era un puerto en que los marineros pudieran confiar.

            En la vida, hay puertos que al igual son “incómodos para invernar.” No solo son “inadecuados,” tampoco están equipados para llenar nuestras necesidades. Algunos de esos podrían proponer ser “buenos puertos” y podrían estar bien ubicados y llenar alguna necesidad, ¡pero no son lo que afirman ser cuando surgen las tormentas! Si alguien anclara su vida ahí, estaría sujeto a daño y finalmente al naufragio de su alma.

            El capitán de la nave de Pablo conocía muy bien el mar, de la clase de clima de los meses invernales y de la importancia de un puerto seguro y confiable, no podía darse el lujo de anclar ahí. Se negó anclar ahí en busca de uno más adecuado. ¿Por qué los hombres no podemos actuar en forma prudente con nuestras propias vidas y almas?

            No se equivoque, las tormentas invernales vendrán, debe elegirse un puerto que sea totalmente adecuado para que llene las necesidades en cualquier problema o crisis que pudiera surgir. Debe ser un lugar de refugio, un alberge, uno en el que se pueda confiar para una completa protección de las tormentas más violentas. No solo porque tenga un nombre agradable, sino que en realidad sea un “buen puerto” en el que el barco de la vida puede estar protegido en forma segura “en tanto que pasa la indignación” (Isaías 26:20).

Otros puertos que fallan

            Buenos Puertos no fue el único puerto que probó ser decepcionante para estos marineros. Buscaron refugio en otros puertos, pero estos también eran inadecuados. Lo inadecuado de uno era evidente, pero las deficiencias de los demás no se reconocieron rápidamente.

            ¿En qué otros “buenos puertos” buscarían estos hombres pasar el invierno? ¿Dónde estarían ancladas sus esperanzas de seguridad? ¿En qué confiarían en tiempos de peligro? ¿En dónde pondrían su confianza?

  • Buscaron refugio en su propia capacidad e ingenio. Usaron sus razonamientos más sabios y sus mejores capacidades, pero no fueron suficientes. “Suponiendo que hubieran cumplido su propósito,” buscaron refugio en la sabiduría de la mayoría. Votaron, “la mayoría” (v. 12) hizo su sugerencia, pero incluso la regla de la mayoría se vio más tarde que fue poco prudente.

            Los marineros, con todo su entrenamiento, estuvieron cerca de ser pérdida. Incluso el propietario y capitán del barco se equivocó, aunque conocía bien su embarcación, aunque conocía el mar y conocía algo de las condiciones meteorológicas, su conocimiento, experiencia y capacidad no fueron lo suficientemente adecuadas para lidiar con los problemas que el mar había creado.

            Alguien podría pensar que el consejo combinado y la capacidad de doscientos setenta y siete pasajeros podrían muy bien resolver cualquier problema que pudiera surgir, pero el hombre no puede depender demasiado de su pensamiento únicamente. Hay algunas cuestiones que el hombre más sabio sobre la tierra no puede manejar por sí mismo.

            ¿Qué estuvo mal? ¿No debería el hombre usar su habilidad e ingenio? ¿No ha funcionado esto en el pasado? Eso funcionará en ocasiones, pero hay veces en que no lo hará. “El que confía en su propio corazón es necio” (Proverbios 28:26). Estos hombres fueron necios en que “no consultaron a Jehová” (Josué 9:14).

            Aquí radica la razón de muchos de nuestros fracasos. Esta es la raíz de muchos de nuestros problemas. Estos marineros no tomaron en cuenta el hecho de que Dios controla el mar y los elementos naturales. Que también controla la existencia del hombre sobre la tierra. Pero el hombre frecuentemente insiste en confiar en su propia sabiduría y juicio.

            “Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte” (I Corintios 1:25-27).

            Solo cuando el hombre pone su fe en Dios, es que estará a salvo. “Venid ahora y razonemos, dice el Señor” (Isaías 1:18 LBLA). Dios siempre tiene la razón, pero el hombre muy a menudo se equivoca. El hombre está tan vacío sin Dios…¡tan tremendamente indefenso!

  • El Poder y la fuerza no probaron ser un puerto seguro para ellos. El gobierno romano, uno de los más poderosos en el mundo que se hayan conocido, estaba representado en la persona del centurión. Era de la compañía de Augusto. Para custodiar a los prisioneros tenía a su disposición cualquier arma o garrote, pero muy seguramente se dio cuenta de que no siempre el establecimiento de un refugio es posible a través de la fuerza.

            El gobierno civil sin lugar a dudas tiene su lugar. Fue ordenado por Dios y se le debe respetar y someterse (Romanos 13:1-7; I Pedro 2:13-17), pero hay algunas cosas que los mejores gobiernos sobre la tierra (excepto el reino de Cristo) no pueden dar ni proporcionar. ¿Qué protección puede ofrecer para el alma? ¿Qué seguridad puede dar contra las muchas tormentas de la vida?

            Sería muy imprudente anclar todas sus esperanzas solo en la fuerza y poder gubernamental. Recuerde, que incluso los gobiernos más poderosos del mundo están aun bajo el ojo vigilante y la mano controladora de Dios. Los sostiene a todos en la palma de su mano. El manejo poderoso de la bomba atómica o el poder para poner a los hombres al espacio exterior, no es, en sí mismo, un puerto adecuado para las esperanzas de una vida abundante. Confiamos demasiado en la fuerza física y no lo suficiente en lo espiritual.

            Escuche algunas de las advertencias que Dios dio a su pueblo en días pasados. “Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, más con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas” (II Crónicas 7:8). “¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda y confían en caballos y su esperanza ponen en carros, porque son muchos y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!” (Isaías 31:1).

             “He aquí que confías en este báculo de cascada, en Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos los que en él confían” (II Reyes 18:21). ¿No se nos ha dicho que “ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes”? (Eclesiastés 9:11). “La justicia engrandece a la nación; Más el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:34).

            “No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre. Se complace Jehová en los que le temen y en los que esperan en su misericordia” (Salmo 147:10, 11). Nuestro Dios “es poderoso para hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20). ¡Solo aquí nuestras vidas sacudidas por las tormentas encuentran un refugio para descansar!

  • Otro puerto que resultó decepcionante fue la riqueza. El dinero se podría describir como “un proveedor universal para todo menos para la paz y la felicidad y un pasaporte universal para todo menos para el cielo.” Decimos que “el dinero habla,” pero hay ocasiones cuando debe permanecer en silencio. Existe una alegría que ninguna cantidad de dinero puede dar (I Timoteo 6:7).

            La embarcación de la que estamos estudiando parecía que iba cargada de trigo y otros productos. Sin duda, bastante riqueza estaba involucrada. La nave fue aligerada de su aparejo, y dos veces aligerada de una gran parte de su carga. ¿Qué podría hacer esa riqueza para alejar o tener bajo control la tormenta que se había presentado?

            A los hombres con dinero se les advierte “que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (I Timoteo 6:17). La riqueza no puede proteger el alma de una persona contra la soledad y el vacío espiritual. Job rechazó poner “en el oro su esperanza” o decirle al oro fino, “Mi confianza eres tú” (Job 31:24).

            ¿Qué podía hacer el oro durante la tormenta? ¿Qué esperanza puede dar el dinero durante un bombardeo? ¿Qué pueden hacer las posesiones materiales para restaurarle la vida a un ser querido que ha fallecido? ¿O para evitar la muerte? Podría asegurar a la familia que se queda, ¡pero no al que muere!

            ¿Pueden los bienes terrenales impedirnos entrar al valle de la sombra de muerte? ¿Pueden dar paz a un corazón atribulado y destrozado? “¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas, como las alas del águila y volarán al cielo” (Proverbios 23:5).

            ¡Qué “insensato” fue el rico agricultor que buscó su refugio en el puerto de la riqueza (Lucas 12:16-21)! La riqueza puede crear una tempestad en el puerto, ¡pero no puede establecer un puerto en la tempestad!

  • Incluso la “suerte” no se convirtió en un puerto propicio para ellos. Cuando todo lo demás falla, el hombre con mucha frecuencia lleva sus posibilidades a la “suerte.” Esto no funciona. ¡Es demasiado impredecible y poco fiable!

            En la descripción de la tempestad y de los peligros creados por ella, se hace mención en Hechos 27, que “ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos” (v. 20). El capitán, por un momento, pensó que habían caído sobre algunas rocas y los marineros “echaron cuatro anclas por la popa y ansiaban que se hiciese de día” (v. 29). Esto se hizo y como si, por una extraña coincidencia, ¡la luz del día apresurara su llegada!

            “Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave.” El siguiente versículo dice, “Cortando, pues las anclas, las dejaron en el mar” (v. 39-40)

            “Ansiaban que fuese de día.” “Si pudiesen” harían esto o aquello. “Las dejaron en el mar.” La suerte ya no parecía cooperar. Estaban a la merced del mar. Estaban en medio de la cruel tempestad y sus brutales brazos. ¿Por qué no pudo favorecerlos la suerte en ese momento? Estos hombres no se daban cuenta ¡que Dios es quien controla el mar y los vientos! Si hubieran confiado más en la fe y menos en el destino, podrían haber encontrado el refugio que buscaban.

 Ningún puerto es adecuado sin Dios

            Parecía que la nave y todos sus pasajeros estaban condenados al fracaso. Eso pudo ser verdad, de no haber sido por una cosa—¡el refugio que un pasajero había encontrado en su Dios! Un ángel apareció a Pablo con un mensaje de esperanza de la orilla del cielo. Había refugio en ese mensaje y hay refugio en el mensaje de Dios para nosotros ahora. ¿Creerá este mensaje como Pablo lo hizo? ¿Irá ahí por su seguridad como Pablo lo hizo? Muchos años antes, David encontró ese refugio. Dijo, “Oh Jehová; en ti me refugio” (Salmo 143:9).

            Después de recibir el mensaje del ángel, Pablo dijo, “Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho” (Hechos 27:25). ¡Qué confianza! ¿Y por qué no? ¡Porque ningún puerto es adecuado sin Dios!

            Hay un anclaje eterno en la Palabra de Dios (Hebreos 6:18, 19). Al final hay ruinas separado de ella. David dijo, “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mis socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda” (Salmo 121:1-3).

            El gran Salmo de David sobre el refugio concluye con estás reconfortantes palabras: “Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (versículos 7 y 8). ¡Solamente en la Palabra de Dios podemos encontrar tal protección!

            De acuerdo a nuestro texto (Hechos 27), había momentos cuando “el viento del sur sopló suavemente” y había momentos cuando “los vientos eran contrarios.” Había momentos cuando parecía que esos vientos cumplirían su propósito; y había momentos cuando “la nave estaba sumamente agitada por la tempestad.”

            ¿Pero quién controlaba esos vientos? ¿Quién ordenaba las acciones del mar? ¿Quién ocultó la luna, el sol y las estrellas para que no brillaran por varios días? Él —Dios— era el único al que se debía tomar en cuenta; sin embargo, ninguno de los pasajeros, sino solo Pablo lo había consultado. ¡El ingenio humano, la inteligencia, la inventiva y la intención fracasaron! ¡El poder y la fuerza no fueron de ayuda en un momento como este! ¡Las posesiones terrenales no pudieron hacer nada! ¡Incluso la suerte no pudo tranquilizarlos! Su única esperanza estaba en Dios, que tiene el control de todas las cosas.

            “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia” (Salmo 127:1). Ningún puerto que haya sido construido y cuidado por el hombre es perfectamente adecuado para la protección del alma. Jacob pudo ver la sabiduría de buscar el refugio en la casa de Dios. Él dijo, “No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo” (Génesis 28:17).

            “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:13, 14). Ninguna casa o planta—hogar, iglesia o institución—que no haya sido edificada mediante el diseño de Dios, no es perfectamente segura como un puerto adecuado.

            Aquí está la profecía acerca de Cristo, para la era cristiana y el refugio que puede encontrarse en el Señor. “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio. Y será aquél varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Isaías 32:1, 2).

            Los placeres del pecado no son duraderos, sino sólo temporales (Hebreos 11:25). Los deseos no pueden satisfacerse por que “batallan contra el alma” (II Pedro 2:11). Las armas de guerra no son siempre de fiar, sino “mejor es la sabiduría que las armas de guerra” (Eclesiastés 9:18). “Mejor es la sabiduría que la fuerza” (Eclesiastés 9:16).

            Uno no puede “ahogar sus penas,” ni “aminorar el dolor” de su alma — ¡excepto en Cristo! No es suficiente tener un credo que defender: ¡debe tener un credo que lo sustente! Para ese credo, escuche las palabras de consuelo de Josué: “no ha faltado ninguna de ellas” (Josué 23:14).

Dios es mi refugio

            Josué había experimentado cuarenta años en los hornos de ladrillos en Egipto; había pasado cuarenta largos años en el desierto; y en el tiempo de esa declaración, había pasado treinta años en la tierra prometida. Por lo tanto, podía hablar por experiencia. Lo sabía, no eran solo conjeturas, ni era algo que otro le hubiera dicho; si no más bien, estaba dispuesto a anclar su alma para el mundo venidero ¡en lo que él mismo había visto en Dios!

              “No ha faltado ninguna de ellas.” Este fue el último testimonio de Josué. Para él, esa faceta de las promesas inagotables de Dios fue el puerto más adecuado que se pudiera encontrar.

            De otro pasaje tenemos este testimonio: “Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado” (I Reyes 8:56). El Señor “no retarda su promesa” (II Pedro 3:9). Sus promesas son “preciosas y grandísimas” (II Pedro 1:4). Uno bien puede encontrar en estas promesas “un refugio adecuado para invierno.”

            A través de su Hijo, Dios ha prometido “toda bendición espiritual” (Efesios 1:3). A través de Cristo tenemos “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (II Pedro 1:3). Note la suficiencia que tenemos en la Palabra: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (II Timoteo 3:16-17). “

            “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera” (I Timoteo 4:8).

            Si rechazamos a nuestro Señor, “¿a quién iremos?” (Juan 6:8). Él no rechazará a ninguno que, a través de la obediencia (Hebreos 5:8, 9), se refugie ahí (Juan 6:37). “En la sombra de las alas de Dios” ahí está el refugio (Salmo 57:1). Él “es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (II Timoteo 1:12).

            Es muy peligroso navegar en los mares de la vida sin tener un puerto adecuado. Solo Cristo puede proporcionar el refugio que necesitamos. Si pudo proteger a un pequeño bote de la más dura de las tormentas (Marcos 4:36-41), seguramente protegerá nuestras vidas ahora (I Pedro 5:7).

            Esto no será así al menos que estemos “en Cristo.” Esas dos pequeñas palabras se encuentran muchas veces en el Nuevo Testamento. Sugieren (1) una posición, (2) un privilegio, (3) una posesión y (4) una práctica. Donde Él está (posición) ¡deberíamos querer estar! Lo que Él es (privilegio), ¡deberíamos querer ser! Lo que Él tiene (posesión), ¡deberíamos querer tener! Lo que Él hace (práctica), ¡deberíamos querer hacer! Él dice, “porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).

            ¿Cómo puede un hombre entrar a Cristo sin ser “bautizado en Cristo”? No solo somos “bautizados en Cristo,” sino que “somos bautizados en su muerte” (Romanos 6:3, 4). ¡Qué privilegio, qué posición, qué posesión; qué práctica! “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que vuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:5, 6).

            ¿Por qué no buscar el refugio que Cristo ofrece y por qué no hacerlo ahora? Hay peligro en la demora. “La noche está avanzada y se acerca el día” (Romanos 13:12). No hay refugio para los que se niegan a obedecer el evangelio (II Tesalonicenses 1:7-9). “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (II Corintios 6:2).

            Que Dios lo ayude a aceptar la protección que ofrecen los puertos que son perfectamente adecuados y ¡que evite todos los otros que “son incómodos para invernar”!

Para descargarlo en pdf haga click aquí: 02Puertos Inadecuados  

                                      Al español

Jaime Hernández

Querétaro, Mex. Noviembre del 2011

UN DÍA PARA RECORDAR

Un día para recordar

(Hechos 2)

Por  Earl I. West

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.” (Hechos 2:1).

ManosINTRODUCCIÓN

En casi toda nación el recordar un día en particular es muy importante para la gente. Por ejemplo, en Estados Unidos recordamos el 4 de Julio de 1776, como el día en que se emitió nuestra declaración de independencia. De esta manera el 4 de Julio se ha convertido en un día especial para cada americano. En Francia, el 14 de Julio es el Día de la Bastilla. El Día de la Bastilla se compara con nuestro 4 de Julio. En este día en 1784, durante la Revolución Francesa, el pueblo francés obtuvo su libertad de los tiranos que los gobernaban.

            Para los primeros cristianos y los que actualmente están tratando de regresar al cristianismo del Nuevo Testamento, el día de Pentecostés es un día inolvidable. En el día de Pentecostés, Dios empezó una nueva administración completamente.

            Todo en el pasado había apuntado hacia el día de Pentecostés. Los profetas habían dicho de un tiempo por venir cuando el Espíritu Santo se derramaría sobre los apóstoles. La vida de Jesucristo señalaba a través de su propia vida, muerte, sepultura y resurrección como etapas preparatorias para lo que sucedería en el día de Pentecostés. Desde este día en adelante, la religión se convirtió en algo totalmente diferente del judaísmo del Antiguo Testamento. En Pentecostés, Dios instituyó  un  nuevo tipo de administración para gobernar sobre su pueblo.

            El día de Pentecostés era considerado por los judíos como muy significativo. En el Antiguo Testamento, el día llamado la Fiesta de las Semanas iniciaba al final de su Fiesta de la Cosechas. En el sábado siguiente de la Pascua, los sacerdotes ofrecían dos panes a Dios. Estos panes se hacían del primer trigo que se juntaba durante el tiempo de la cosecha. Los dos panes empezaban un gran periodo de fiesta. Los judíos debían contar siete semanas a partir de ese sábado. El día después de la séptima semana, el cincuentavo día, los judíos lo llaman la Fiesta de las Semanas. Era el clímax de un período largo de acción de gracias a Dios de fiesta y cosecha. En este día todos los judíos varones debían venir al templo en la ciudad de Jerusalén de todas partes de Palestina con el objetivo de adorar a Dios.

            Alrededor del 700 a.C., los judíos empezaron a dispersarse por todas partes del mundo mediterráneo. En los tiempos del Nuevo Testamento, los judíos venían de muchas naciones de alrededor del Mediterráneo a Jerusalén para recordar el día de Pentecostés.

            La literatura rabínica dice que el día de Pentecostés era un día muy especial para el judío. Algunos de los rabinos contaron los días uno por uno desde que la primera Pascua se observó en Egipto hasta que los hijos de Israel cruzaron el desierto, pasaron el Mar Rojo y vinieron al Monte Sinaí para recibir la ley. En el conteo meticuloso de todos esos días, los antiguos rabinos habían llegado a la conclusión que Dios les dio la ley en el Monte Sinaí en el día de Pentecostés. Decían “Cincuenta días después de la primera Pascua la ley fue dada en el Monte Sinaí.” La Biblia no dice nada de esa idea. Pero, según lo que sabemos de los pensamientos y hábitos judíos, cuando ellos se reunían a observar la Fiesta de las Semanas en el día de Pentecostés, pensaban no solo en el punto culminante de un largo periodo de gracias por la cosecha; sino también pensaban en la ley de Moisés.

            En este día en Hechos 2 Dios empezó su nueva administración. En este día Dios mostró su misericordia; tres mil personas fueron salvadas en lugar de ser condenadas por el Todopoderoso.

            Nunca podríamos entender el verdadero significado e importancia del día de Pentecostés si no recordamos el segundo capítulo de Hechos. Este capítulo de Hechos resalta tres fenómenos especiales que ocurrieron durante el día de Pentecostés.

I. EN PENTECOSTÉS VINO EL ESPÍRITU (2:1-4)

            Primero que todo, el Espíritu Santo fue derramado sobre los apóstoles en este día. Hechos 2:1-4 dice,

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

            Este acontecimiento insólito debe señalarse como significativo; ocurrió como resultado de una promesa que había sido hecha a los apóstoles.

            En Hechos 1:4, 5 nuestro Señor se había reunido con los doce apóstoles justo antes de su ascensión. Les mandó “que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” En otras palabras, les dijo a los apóstoles, “Quiero que permanezcan en Jerusalén; no se retiren de ella. En el momento oportuno, vendrá sobre ustedes el derramamiento del Espíritu Santo.”

            Algunos tienen la idea que los 120 discípulos recibieron el bautismo del Espíritu Santo. Esto no es verdad en lo absoluto. El último versículo del capítulo 1 dice, “Y les echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles” (Hechos 1:26; itálicas mías). El siguiente versículo dice, “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1; itálicas mías). La declaración “estaban todos unánimes juntos”  se refiere a los doce apóstoles. En el contexto del capítulo, este hecho se confirma. En el versículo 7, Lucas escribió, “Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?” (Hechos 1:7). En otras palabras, los únicos que hablaron por el Espíritu Santo eran galileos, pero los 120 no eran todos galileos. Lucas también añadió, “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz” (Hechos 2:14). Había solo doce de ellos que levantaron sus voces en lenguas en esa ocasión en particular.

            Hechos 2:37 dice, “Al oír esto, se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿Qué haremos?” Claramente, por todo el capítulo, los apóstoles son los únicos que recibieron el Espíritu Santo. Fueron los únicos que hablaron en nuevos idiomas. Fueron los únicos que informaron a la gente lo que debían hacer para ser salvo. Por lo tanto, la promesa de Juan que había sido hecha, fue una promesa que se refería a los apóstoles de Cristo.

            Además, el Señor les había dicho a sus discípulos que no se fueran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Espíritu Santo. A estos apóstoles nos solo se les había prometido el Espíritu Santo por Juan el bautista, sino también por Jesucristo mismo.

            Mas tarde, cuando Pedro se refirió a esta promesa en Hechos 2, dijo, “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel” (Hechos 2:16). Se refería a Joel 2:28. Joel vivió en una época cuando los pecados de Israel eran particularmente graves. Joel le señaló al pueblo de Israel que la ira de Dios caería sobre ellos a causa de su maldad. Predijo que Dios iba a inundar la tierra entera con langostas. Estas langostas serían horribles; serían la venganza divina sobre el pueblo a causa de su pecado. En su profecía, también veía un día más feliz. Joel predijo que ese día llegaría cuando Dios sería un Dios de misericordia. Mostraría su gracia dando al pueblo inmensurables bendiciones. Entre sus bendiciones sería un derramamiento del Espíritu Santo. Por este medio y a través de los apóstoles, el pueblo sería guiado a toda la verdad. Con el Espíritu Santo, estos apóstoles estarían capacitados para ir al mundo entero con el mensaje de Jesucristo.

            Usted y yo podríamos preguntar, ¿Cuál fue el propósito de las lenguas?” La respuesta es muy clara. Pablo explica el propósito parcialmente en I Corintios 14:22. Dijo, “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos.” El hablar en lenguas fue obviamente un milagro. En el Nuevo Testamento un milagro es una señal. En Juan 20:30, 31, Juan dijo,

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

            Una señal era una indicación de la presencia de Dios. Con el Espíritu Santo Pedro predicó que Jesucristo era el Hijo de Dios―¡crucificado, sepultado y resucitado!

            ¿Cómo sabía el pueblo que Pedro estaba hablando la verdad? Ya que las señales eran milagros obvios, sirvieron de propósito de corroborar el mensaje que Pedro pronunció. En Hechos 2 Pedro dijo,

Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su  descendencia, en  cuanto  a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. (vv. 29-31).

            Pedro continuó diciendo que todos ellos eran testigos de la resurrección. Luego añadió, “Así que, exaltado por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:33). En otras palabras, Pedro dijo, “Nosotros los apóstoles somos capaces de hablarles en lenguas hoy y se preguntarán ¿Por qué? Porque al que crucificaron ha ido a la derecha del Padre. Y ahí ha recibido poder para enviar sobre nosotros el Espíritu Santo. El derramamiento del Espíritu Santo es una indicación que la vida, obra, muerte y resurrección de Cristo son hechos cumplidos y que Dios se agradó con todo lo que su Hijo llevó a cabo.”

            El Espíritu Santo fue dado como un tipo de aprobación divina sobre los apóstoles. En el primer capítulo de Hechos, el Señor les prometió a los apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo a Jerusalén. La venida del Espíritu Santo sería una prueba inequívoca de que Jesús se había ido al cielo como lo prometió y se había sentado a la derecha de Dios.

            Por todo el Nuevo Testamento, la aparición del Espíritu Santo indica la aprobación de Dios. Note el argumento de Pablo en Gálatas 3. Pablo se había ido a Galacia a predicar el Evangelio. Se había marchado y a su paso otros habían venido predicando. Ellos probablemente decían, “Pablo realmente no está predicando el Evangelio; Pablo realmente es un falso maestro.” Estaban denunciando lo que Pablo había hecho en Galacia. Pablo escribió la carta a los gálatas para defender su ministerio. Declaró que el mensaje que había predicado había sido recibido del Espíritu Santo. La presencia del Espíritu Santo era el sello divino de aprobación sobre la predicación del Evangelio.

            Usted lo consideraría muy extraño si un hombre me dice algo, y yo digo, “Sí,” y otro hombre hace una declaración contradictoria, pero yo digo todavía que, “Sí.” Si digo, “Estoy de acuerdo con ambos,” usted pensaría que he perdido mis sentidos. ¿Cómo podría alguien estar de acuerdo con dos personas con creencias opuestas? Creemos que Dios puede. La venida del Espíritu Santo en los tiempos Bíblicos fue el sello de aprobación de Dios sobre lo que los apóstoles estaban enseñando.

  1. EN PENTECOSTÉS LA IGLESIA INICIÓ (2:22-36)

            En el día de Pentecostés, la iglesia empezó. El Espíritu Santo estuvo implicado activamente en todos los eventos de Jesús. El Espíritu Santo participó en el arribo de Jesús al mundo. Dios colocó su aprobación divina en su nacimiento. Cuando la iglesia del Señor Jesucristo nació en el mundo, nació en medio de la actividad del Espíritu Santo. Por la presencia del Espíritu Santo en este gran evento, Dios estaba diciendo que Él aprobaba la iglesia.

            Era la obligación de Pedro en su sermón aclarar cualquier malentendido. Se pensaba que Pedro y los apóstoles estaban ebrios. Pedro dijo que era solo la hora tercera de la mañana y que no podrían estar tomados. Entonces, Pedro empezó a predicar. El corazón de su mensaje fue que Jesucristo era el Hijo de Dios y que había sido crucificado por la multitud. Él dijo, “No pusieron atención a la ley de Dios. Por la rebelión de sus corazones clavaron al mismo Hijo de Dios en la cruz.” Además dijo que fue clavado en la cruz, que fue sepultado y levantado de su tumba y está ahora a la derecha de Dios. Él es nuestro supremo Señor. Ésta es ahora su administración. A través de la vida y de las enseñanzas de Jesucristo, todos los hombres deberían ser traídos al entendimiento de la voluntad de Dios. Tal como Pedro hizo eco más tarde, no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres para poder ser salvos (Hechos 4:11, 12).

III. EN PENTECOSTÉS UNA MULTITUD OBEDECIÓ (2:37-47)

            Después que Pedro predicó ese gran sermón, un tercer evento ocurrió convirtiendo ese día en un día extraordinario. Este tercer evento fue la respuesta fenomenal de la gente al mensaje de Pedro. Había una oleada de emoción. En primer lugar, las palabras de Pedro destrozaron sus corazones. La Biblia dice, “Se compungieron de corazón” (Hechos 2:37). Pedro confrontó a esta gente con sus propios pecados. Vieron por primera vez lo que realmente eran. Cuando reconocieron que lo dicho por Pedro era verdad, dijeron, “Varones hermanos, ¿Qué haremos?” (Hechos 2:37). Esa era una pregunta lógica.

            Le preguntaron, “¿Qué haremos? Hemos hecho lo malo. Estamos condenados delante  de  Dios   por   lo  que  hemos  hecho. ¿Podemos hacer algo al respecto?” La respuesta de Pedro fue: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Se nos dice en el siguiente versículo que los que recibieron sus palabras fueron bautizados y el Señor añadía a la iglesia a los que habían de ser salvos. Note como Pedro vinculó el arrepentimiento y el bautismo. El bautismo y el arrepentimiento son necesarios para la remisión de los pecados. Nuestra respuesta al arrepentimiento y al bautismo es la prueba real de si o no nos estamos sometiendo a la voluntad de Dios. Nos enfrentamos cara a cara con dos alternativas de vida: podemos obedecer a Cristo y recibir su promesa de perdón o podemos desobedecerle y permanecer condenados con la culpa. Todos tenemos que tomar esta decisión tarde o temprano. En el día de Pentecostés, hubo tres mil personas que escucharon a Pedro y decidieron obedecer. Sus almas fueron importantes para ellos.

CONCLUSIÓN

            ¿Cuánto vale su alma para usted? ¿Esta dispuesto a responder a lo que Pedro dijo hace mucho tiempo? Si está dispuesto a arrepentirse y ser bautizado, sus pecados serán perdonados. Este no es mi mensaje; es el mensaje de la Escritura. Fue lo que Jesús mando a Pedro que predicara (Lucas 24:46-48). ¿Qué hará usted?

Versión al Español

Jaime Hernández Castillo

Querétaro, Mex. Enero del 2010

Descargar en pdf, 4 páginas tamaño carta:   Pentecostés

EL PREDICADOR Y LA PEREZA

Con SteveEl predicador y la pereza es el capítulo 10 del libro “Apto para el púlpito,” un libro que trata sobre el predicador y sus desafíos.

El hermano Steve Higginbotham nos habla de las razones para evitar la pereza, cuáles son sus manifestaciones y cómo vencerla.

Descargar archivo en pdf, 7 hojas tamaño carta: 10El predicador y la pereza

*En la foto el hermano Steve, mi hija Alicia y su servidor, en una visita que les hicimos a él y a su esposa Kim en su oficina en la iglesia de Cristo Karns en Knoxville, TN.

Entregando a mi hijo al Diablo

Mesa KimSe dice que en el matrimonio, el dolor y el estrés por un divorcio son más grandes que incluso el dolor de la muerte de un cónyuge. Creo que lo mismo se puede decir de romper los lazos con su hijo. A menos que alguien haya experimentado este tipo de pérdida y dolor, no podrá comprender plenamente el profundo dolor experimentado por un padre.

Alguien podría preguntar, ¿por qué romper relaciones con su hijo? La respuesta es, “por lealtad a Jesús.” Ser discípulo de Jesús exige que nuestra relación con Él sea más grande que nuestra relación con nuestra propia familia, incluso con nuestros hijos (Mateo 10:37).

            Oro para que nunca tenga que hacer tal sacrificio, pero también oro para que ame al Señor lo suficiente como para optar por Él antes que su hijo en un momento dado. En esta situación es donde nosotros nos encontramos. Esta es nuestra vida. Nuestro hijo mayor le ha dado la espalda al Señor y a pesar de todos nuestros intentos, se niega a arrepentirse. En consecuencia, nuestra relación ha cambiado. No podemos seguir así y pensar que somos leales a Jesús (II Tesalonicenses 3:6, 14-15; I Corintios 5:1-13). Nuestro contacto con nuestro hijo es ahora limitado solo a intentos por restaurarlo. No tenemos compañerismo. Solíamos compartir vacaciones, llamarnos por teléfono regularmente e intercambiar mensajes de texto, eventos familiares, etc., pero ahora, todo eso se ha acabado. Nuestro hijo le ha dado la espalda completamente a todo lo que creía. No tiene respeto por el Señor ni pos Su iglesia. Ha preferido una vida de pecado más que por la esperanza de la salvación. Y debido a su rebelión contra Dios, nosotros como padres debemos tomar una decisión. ¿O pasamos por alto su práctica del pecado y seguimos con nuestra relación o nos alejamos de él como el Señor lo instruye?

            Creo que la sangre de Cristo es más importante que la carne y la sangre física que comparto con mi hijo. Lamentablemente, mi esposo y yo sabemos el dolor de “entregar a nuestro hijo al Satanás.” Esas palabras son mordaces, impactantes, estremecedoras y lúgubres, tal como Pablo pretendía que fueran cuando las escribió (I Corintios 5:5). Quizás estoy escribiendo esto para mí más que para los que las leen. No he visto a mi hijo en casi dos años y medio y hay días en que el dolor es como al principio. Hasta ahora, he guardado este dolor dentro de mí y lo he compartido solo con un par de mis amigas más cercanas. No estoy segura, pero creo que no ha habido un día en que no haya derramado lágrimas. A veces es solo una lágrima y otros días son gritos desgarradores de desesperación. Me he tenido que detener al ir manejando debido a que lágrimas me ciegan mis ojos, solo para literalmente gritar y llorar de dolor. Estoy devastada por nuestra pérdida; su pérdida.

            Siento desesperación y desesperanza. Estoy asustada. Lo que probablemente comenzó como un coqueteo inofensivo con el pecado se ha convertido en unas arenas movedizas que jalan a mi hijo cada vez más hacia el infierno. A veces siento envidia de otros padres que tiene relaciones cercanas y amorosas con todos sus hijos adultos. Me siento avergonzada por lo que mi hijo ha hecho.

            El hecho es que no conozco a esa persona que una vez pensé que conocía muy bien. ¿No vi cosas que debí haber visto? Creí que nuestra relación era muy cercana. Adoraba a ese niño. ¿Fue mentira el amor que nuestro hijo nos expresaba? ¿Cómo se convirtió un niño respetuoso y obediente en uno que desprecia flagrantemente todo lo que le enseñamos y todo lo que representamos?

            Una completa noche de sueño…¿qué es eso? Si bien soy capaz de conciliar el sueño con facilidad, no hay una noche que pase que no me duerma hasta la mañana. Me levanto a media noche y el primer pensamiento en mi mente es que solo tuve un terrible sueño, pero pronto me doy cuenta que no era un sueño, es la realidad; mi realidad.

            Trato de imaginar dónde está mi hijo ahora y qué podría estar haciendo y me duele. El pecado es horrible. Es asqueroso. Pervierte. Si bien no quiero saber, me atraen sus redes sociales. Quiero apartar la vista, pero no puedo,  me preocupo mucho.

            Algunas veces lo más difícil son los recuerdos. Recordar la alegría que sentía con aquel bebé regordete que me miraba con tanta adoración. Recuerdo cuando se sentaba en el mostrador de la cocina ayudando a pelar papas o a mezclar los ingredientes en la masa. Recuerdo nuestros días de la escuela en la casa en la mesa de la cocina y leyendo juntos en el sofá. Recuerdo cuando cantábamos juntos en la cocina. Recuerdo el orgullo que sentí cuando dirigía el canto o daba un devocional a los jóvenes en la iglesia. Esos recuerdos son todo lo que me queda ahora. No hay más que hacer.

            De vez en cuando, puedo ver a un joven que se parece a mi hijo. O puedo estar limpiando el armario y veo una fotografía. O alguien me pregunta con buenas intenciones dónde está mi hijo ahora. Todo esto me hace llorar. Él era un muchacho guapo, excelente estudiante, talentoso músico, muy amable y considerado con los demás. Nunca nos dio problemas mientras estuvo en casa. Amaba a sus hermanos. Recuerdo su “risa contagiosa.”

            El día de las madres y el del padre son muy difíciles. Mientras que usualmente recibíamos las más preciosas tarjetas y notas de amor y aprecio, ahora cualquier correspondencia de él está llena de ira, culpa y rencor. Aun peor son las palabras sarcásticas y blasfemas que usa para con su Padre celestial.

            Auto análisis, culpa, desesperación, miedo…he experimentado todas estas emociones. ¿Quién es un padre perfecto? Cualquiera daría lo que fuera para poder volver el tiempo. Pero sé que éramos buenos padres. Amamos a nuestro hijo, pasamos tiempo con él, lo alentamos y le enseñamos la Palabra de Dios.

            No sé lo que el futuro le depara a nuestro hijo o a nuestra familia. Lo que sí se es que Dios es fiel (II Tesalonicenses 3:3). Él hará lo que es correcto (Génesis 18:25). Recompensará a los que diligentemente lo buscan (Hebreos 11:6). Ahora comprendo mejor que antes, anhelo las promesas del cielo, es decir, que Dios enjugará toda lágrima…no habrá más muerte, llanto, clamor o dolor (Apocalipsis 21:4).

El cielo será un lugar de gran reunión con los que ya se han ido. Hay un antiguo himno que invita a todos a “venir a la fiesta.” Solo deseo que no tengamos una silla vacía en nuestra mesa.

Apéndice: Después de haber leído varias respuestas a mi artículo. Vi varios conceptos erróneos que se vertieron. Por lo tanto, pensé que podría clarificar algunos de estos para algunos lectores.

  1. El amor incondicional no es lo mismo que la aceptación. Casi todos los que me han escrito me han “regañado” por no amar a mi hijo “incondicionalmente.” Su acusación es falsa. Amo a mi hijo incondicionalmente. No hay nada que mi hijo pueda hacer para provocar que lo deje de amar. Creo que eso es lo que es el amor incondicional y eso es lo que practico. No obstante, muchos están aparentemente confundidos al no ser capaces de distinguir entre el amor incondicional y la aceptación. Si bien nunca dejaré de amar a mi hijo, me niego a aceptar el pecado del cual mi hijo permanece sin arrepentirse. Dios ciertamente es un Dios de amor, pero ¿acaso muchos han olvidado que este “Dios de amor” disciplina a sus hijos, incluso los “deja” (Romanos 1:24, 26, 28) y un día se separará eternamente de ellos? Dios no deja de amar a sus hijos, pero su amor no le impide separarse de ellos (Isaías 29:1-2). Creo que si la gente leyera a los profetas, se sorprenderían al ver cómo su visión miope del amor es anulada por la genuina respuesta del amor de Dios. Además, harían bien en recordar que un hombre, un hombre bueno, vino a Jesús y le preguntó qué tenía que hacer para ser salvo. Jesús le dijo qué hacer y el hombre no estuvo dispuesto a hacerlo. Sin embargo, fíjese bien en lo siguiente. El texto dice que Jesús, mirándolo, lo amó. Pero lo dejó marcharse. No lo llamó para que regresara. No cambió sus términos. Él lo amó, pero dejó que se alejara (Marcos 10:21-22). El hecho de que nuestro hijo se haya alejado de nosotros no significa que lo hemos dejado de amar.
  2. Jesús amaba a los pecadores, incluso socializando con ellos. Por supuesto que sí. Y lo mismo hago yo. Pero lo que muchos no entienden es que hay dos tipos de pecadores. Pecadores que están fuera del cuerpo de Cristo (aun en el mundo) y pecadores que son parte del cuerpo de Cristo (hermanos). El apóstol Pablo, bajo inspiración dijo que éstos últimos deben tratarse de diferente manera (I Corintios 5:9-11). Los corintios tenían una pregunta en relación al tener compañerismo con pecadores y Pablo les dijo que habían mal entendido sus instrucciones. Les dijo que no prohibía que los Cristianos tuvieran relaciones con los pecadores, por el contrario, no podríamos vivir en el mundo. En su lugar, les dijo que no tuvieran compañerismo e incluso ni comer con un pecador que fuera HERMANO en Cristo. No me sorprende que muchos no vean esta diferencia porque no se predica con frecuencia y es incluso más raro ponerlo en práctica. Pero está en la Biblia…léalo usted mismo.
  3. ¿Cuál pecado es tan terrible como para “dejar” a su hijo? En primer lugar, no hemos “dejado” a nuestro hijo. Él nos abandonó a nosotros. Nosotros estamos justo donde siempre hemos estado. Incluso el profeta Amós dijo que dos no pueden andar juntos a menos que estén de acuerdo (Amós 3:3). Él optó por andar por el sendero del pecado. Un sendero en el cual no andaremos con él, ni lo apoyaremos mientras lo anda. En primer lugar, mi lealtad es a Dios, no a mi familia (Mateo 10:34-37). En segundo lugar, el pecado específico es irrelevante. Mi respuesta sería la misma si no se arrepintiera de cualquier pecado. Por supuesto, no estoy hablando de pecados momentáneos de la debilidad humana, pecados cometidos en el momento o pecados que intentamos quitar. Estoy hablando de pecados a los que nos hemos entregado. Pecados en los que ya no luchamos, sino a los que nos hemos rendido. Una vez más, la doctrina de la disciplina la ignoran muchos Cristianos hoy y por lo tanto, junto con el mundo, se sorprenden al enterarse de ella. Pero si cree que la Biblia es la Palabra de Dios, entonces usted tendrá la decisión de obedecerla o desobedecerla (I Corintios 5:1-13; II Tesalonicenses 3:6, 14-15).

Y un pensamiento final. A los que, a través de su “fingida” indignación justa, pidieron mi muerte; Oraron para que me pudriera en el infierno; que sugirieron que me hicieran actos sexuales; que me maldijeron con las más viles profanidades; y que han blasfemado al Dios que sirvo…permítanme asegurarles una cosa…sus palabras de odio solo le han dado solidez a mi postura. Su discurso de odio, envuelto en una preocupación fingida y el amor de Dios y mi hijo, han servido para recordarme que vivo en un mundo perdido. Sus palabras me han dado valor y no me han amilanado. Sus palabras han profundizado mis raíces. No me moverán. De hecho, sus palabras me han dado razón para regocijarme en que me han concedido el privilegio, por pequeño que sea, de compartir el sufrimiento de Jesús. “Gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo…” (I Pedro 4:13).

Tomado con permiso de TeachingHelp.org

http://www.teachinghelp.org/giving-your-child-to-the-devil/#more-2617

6/Mayo/2017

Al español

Jaime Hernández

Querétaro, Mex. Agosto de 2017

Versión en pdf: Entregar tu hijo al Diablo

NUNCA ME CASARÍA CON UN PREDICADOR

Steve and KimCuando conocí a mi esposo hace 33 años, él estaba estudiando el último año de la licenciatura de Biblia en la Universidad Freed-Hardeman. Estuvimos saliendo todo ese año y nos casamos en el verano siguiente. Se sorprendería saber que no lo escuché predicar o enseñar en una clase hasta casi dos meses después de nuestra boda. Con un promedio de 3 lecciones por semana más todos los compromisos adicionales que tiene ¡ahora lo he escuchado hablar públicamente más de 5000 veces! ¡Uf! ¡Soy bendecida de haberme conseguido uno bueno!

Además de no oírlo predicar, no tenía idea de lo implicaba ser “esposa de predicador”. Crecí en un hogar Cristiano, sin embargo nunca escuché a mis padres hablar de las esposas de predicadores con algunas expectativas. Nunca salí con otro muchacho que planeara predicar. Así que cuando nos comprometimos, empezaron a surgir algunos comentarios tales como “Oh no, nunca me casaría con un predicador,” “Vivirás en una casa de cristal,” “Todos esperarán que seas perfecta.” Un par de meses después de haberme comprometido, pospuse la boda porque tuve medio por no saber en qué me estaba metiendo y no sabía si iba a dar la talla.

Gracias a Dios, mi amor por el hombre se sobrepuso a mis temores. Si estuviera en la misma situación, ¡lo haría todo nuevamente! ¡He sido bendecida sin medida en este viaje! Con mucha frecuencia, escucho hablar a otras esposas de predicadores que parece que no hacen más que quejarse y amargarse. ¿Hay dificultades? ¡Por supuesto! ¡Así es la vida! Sin embargo, a través de la vida con un esposo que ama al Señor lo suficiente para dedicar su vida al servicio de Él, le proporcionará bendiciones y oportunidades que superarán con creces ¡cualquier dificultad!

En seguida, algunas cosas que he aprendido a través de los años del matrimonio y del estar casada con un predicador:

  • Las únicas expectativas que importan son las de Dios y las de su esposo. Dios espera que usted viva y madure como mujer Cristiana y sea la mejor esposa que pueda ser (Santiago 4:7).
  • Encuentre el lugar donde quiera servir y dedicarse al Señor. Nadie puede hacer todo, pero todos necesitamos estar ocupados en la obra del Señor (Efesios 2:10).
  • Cuando se enfrente a la crítica de los demás, evalúe si hay algo bueno en ella. Si no lo tiene, no se ocupe de ella. Recuerde que nuestro servicio es para el Señor (Efesios 6:7; Colosenses 3:23-24).
  • No critique a su esposo delante de los demás. Esto incluye a la familia, amigos o miembros de la iglesia. Siempre hable con respeto de su esposo (Efesio 5:33, I Pedro 4:8).
  • No espere ni sienta la necesidad de ser mimada y consentida constantemente. Más bien, consiéntalo a él. Sé cómo suena, pero es cierto. Será verdaderamente bendecida a cambio (Hechos 20:35, Filipenses 2:3-4).
  • Haga del trabajo de la casa su tarea principal. No es muy fácil aplicarse mucho en un trabajo secular y hacer la obra de la iglesia. No obstante, Dios le dio la responsabilidad de ser ama de casa a la esposa. Haga del hogar el lugar más confortable para que él siempre tenga prisa por regresar a casa por la noche (Tito 2:5).
  • Aprenda a controlar su lengua. Al estar casada con un predicador, escuchará cosas de su marido y de otros que son confindeciales. Nunca sea alguien en la que no se pueda confiar (Proverbios 31:11).
  • No ponga énfasis en las cosas materiales. El querer siempre más es una trampa que la hará endeudarse llevando estrés sobre su marido y el matrimonio. Sea agradecida con lo que el marido le provea. Solo se evidencia ingratitud al no estar contenta con lo que ya tenemos (I Timoteo 6:6-11, Filipenses 2:14).
  • Esté disponible con su tiempo y atención. Está casada con un hombre que es una figura pública en una posición respetada. Vístase bien y muestre bondad y compasión hacia los demás. Hay mujeres dentro y fuera de la congregación que les encantaría tener a su esposo como si fuera suyo. Si usted no está disponible para él con su tiempo y atención, habrá alguien más que estará feliz de dárselo. No de lugar a la tentación (I Corintios 7:3-5).
  • Sea una mujer discreta. Aprenda cuándo hablar y cuándo guardar silencio (Santiago 1:19; Proverbios 17:27-28).
  • Sea sumisa. Sé que este término no es muy popular, pero es bíblico. La sumisión no significa que va a hacer lo que quiera de todos modos. La prueba verdadera es cuando él le pide algo que usted no está dispuesta a hacer. Cuanto más se someta, más la amará y la respetará. Cuanto más él la ame y respete, es más fácil someterse (I Pedro 3:1-6).
  • No descuide su vida espiritual. Lamentablemente, no recibirá un boleto gratis al cielo porque su marido sea un hombre piadoso. Aunque me he beneficiado enormemente y he aprendido mucho de mi marido, estoy obligada a estudiar por mí misma (II Timoteo 2:15). Le responderé a Dios por lo que hice y no hice (II Corintios 5:10).
  • Sea la mayor animadora de su marido. No sé de ningún trabajo en el mundo más importante que el de su marido. Puede trabajar largas horas con el salario mínimo. Puede ser llamado a horas de la madrugada para tratar con situaciones difíciles. Puede enfrentar críticas injustas de otros. Puede distraerse y sabe que el domingo viene y hay que preparar tres lecciones y cumplir con otras responsabilidades. Se sentirá exhausto mental y físicamente. Necesita que usted le aprecie su trabajo y sus esfuerzos. En lugar de quejarse de su ausencia, use el tiempo para ponerse al día en su casa o trabajar en sus propios proyectos (I Tesalonicenses 5:11; Eclesiastés 4:9-12; Proverbios 12:25).
  • Diviértase. Escucho a mucha gente hablar del “trabajo” que exige el matrimonio. Es cierto que esforzarse en ser más abnegada y sacrificarse por su esposo. Sin embargo, el “trabajo” ¡tiene su diversión! No sobrecarguen su agenda que sacrifiquen tiempo entre ustedes. Planifiquen citas sorpresas en días especiales, ¡haga cosas que inesperadas y disfrútense! (Proverbios 15:13; 17:22).

Si bien, hay algunas que “nunca se casarían con un predicador,” conozco muchas Cristianas que darían cualquier cosa por tener un esposo Cristiano fiel que pase su vida sirviendo a Dios. Si está casada con un predicador, ¡agradézcale a Dios por él cada día!

Tomado con permiso de TeachingHelp.org

http://www.teachinghelp.org/id-never-marry-a-preacher/#more-2431

25/Agosto/2017

Al español

Jaime Hernández

Querétaro, Mex. Agosto de 2017

Versión en pdf:  Nunca me casaria con un predicador

CONOZCA LA IGLESIA DE CRISTO

Por alrededor de 1997, en mis primeras incursiones a la WEB para encontrar la Verdad, encontré la siguiente serie de estudios en la página de Mount Vernon Church of Christ llamada “What Do the Scripture Say?” que administraba el hermano Mike Scott ya finado. En su sección de español, tuvo durante algún tiempo el libro “Conozca a la iglesia de Cristo.”  Tuve las lecciones en formato html en un diskette y las imprimí. Con el tiempo han andado circulando en la red en archivos pdf, pero sin formato. Desconozco quién haya hecho la traducción de este libro para darle su crédito, pero hizo un buen trabajo.

En los archivos que ahora presento, he puesto las notas al pie de página que no traía la versión original y que aparecen en el libro impreso, también he puesto cursivas donde los autores las pusieron, he corregido faltas de ortografía (que aun por supuesto quedan algunas, siempre es necesario alguien que se dedique exclusivo a eso) y por supuesto le he dado formato justificado y a doble columna. También, he puesto los textos en versión RV1960 y algunas veces en LBLA, ya que el traductor, incluso pasó al español los textos. No obstante, algunas veces el autor del capítulo hacía referencia a la KJV y en otras a la NASB y la traducción no correspondía. Así que homologué todos los textos a la RV1960 y solo cuando era necesario, coloqué LBLA.

Es un libro excelente para que las personas conozcan de la iglesia, exponiendo sus creencias básicas. Fue publicado primeramente en 1981, por Star Bible Publications, que en aquel entonces la manejaba el hermano Alvin Jennings. Son 52 lecciones, que se acomodan perfectamente para cubrir todas las lecciones en un año. Dependiendo la profundidad con que se traten.  Cada lección fue escrita por un evangelista diferente, pero podemos encontrar a Wendell Winkler, Hugh Fulford, Rex Turner, Dub McClish, Roy Lanier, Jr, George DeHoff, Robert Taylor, Jr., Hugo MCcord, Basil Overton, Reuel Lemmons entre otros. Les dejo las lecciones en forma individual y posteriormente al final en un archivo todas las lecciones con portada e índice para impresión.

01Predecida por los profetas

02Fundada por Jesús y sobre Él

03Hay solo una iglesa

04No es una denominación

05Jesucristo como su única cabeza

06Descrita por figuras

07NT nuestra regla de autoridad

08AT para su conocimiento

09Adora con himnos

10Pone aparte algo

11Participa de la Cena

12Ora de acuerdo al patrón bíblico

13La predicación es bíblica

14Cada iglesia es autónoma

15Supervisada por ancianos

16Diaconos que sirven

17Papel de los predicadores

18Usa solo nombres bíblicos

19Evangeliza al mundo

20Es la mano benevolente

21Enseña el plan de salvacion del NT

22Sigue el patrón del bautismo

23Los adultos sujetos al bautismo

24El papel de la mujeren la iglesia

25Los estandares de Dios para la vida santa

26Sostiene la enseñanza sobre el MDS

27Las Escrituras son la disciplina

28Adora en el día del Señor

29Restaura la iglesia original

30Exhorta a la unidad

31Llama a la comunion con Cristo

32Se puede perder la salvación

33La verdad acerca del ES

34Milagros no disponibles

35La salvación para todos

36Enseña la naturaleza del hombre

37Enseña la doctrina de la divinidad

38Enseña del castigo a los malvados

39Practica el sacerdocio de los creyentes

40Rechaza el ritualismo vano

41Lo que es de Dios a Dios

42Salvador nacido de una virgen

43Predica la Deidad

44La Biblia es inspirada

45Salva por la sangre de Cristo

46Reino establecido en el 33

47Salvación por fe, pero no por fe sola

48Esencial para la salvacion

49No acepta ninguna tradicion

50Aguarda el regreso de Jesus

51Enseña la resurreccion corporal

52Cielo para los justos e infierno para los impios

Libro completo, 147 páginas tamaño carta. SpConozca a la iglesia de Cristo