PUERTOS INADECUADOS

PUERTOS INADECUADOS

POR GEORGE BAILEY

Puerto

Pablo aceptó con gusto la responsabilidad que el Señor le dio, la de convertirse en un “instrumento escogido.” Esa responsabilidad lo llevó a enfrentarse cara a cara con muchas experiencias amargas y difíciles. Sufrió mucho por su Señor. Para que se dé una idea de lo que tuvo que pasar, debe leer el relato de II Corintios 11.

            La celda se hizo algo familiar para él. Fue ahí donde obligado, pasó algunos de los mejores años de su vida―no por el mal que había hecho sino por ser justo. Así lo dijo, “Peligramos a toda hora…cada día muero…batallé contra fieras” (I Corintios 15:30-32).

            ¿Por qué es tan difícil que la justicia prevalezca? ¿Por qué algunos están siempre decididos a hacer daño a la causa del Señor? Siempre ha sido así y supongo que siempre lo será. Parecía que los enemigos de la cruz disfrutaban llevar a Pablo al tribunal. Se deleitaban al verlo maltratado y perseguido. Se esforzaban para que no hubiera justicia en sus juicios; pero, como ciudadano romano Pablo usó su libertad para apelar al César.

            Dijo, “Si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo. Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: A César has apelado; a César irás” (Hechos 25:11, 12).

            Pablo fue hasta César. Esto requería un viaje a Roma, la capital del gran imperio. Se hicieron los preparativos y se fijó la fecha para el largo y agotador viaje. Los barcos de entonces eran muy rudimentarios, el navegar era con frecuencia era peligroso y los barcos que se aventuraban enfrentaban graves peligros.

La dificultad marítima

            Pablo y otros prisioneros, fueron puestos bajo la custodia de un centurión de la compañía de Augusto. La travesía daba inicio. En el capítulo 27 de Hechos se puede encontrar la interesante historia de este peligroso viaje.

            Al leer el relato, veamos algunas dificultades que enfrentaron. Se nos dice que “habiendo pasado mucho tiempo y siendo ya peligrosa la navegación” (v. 9). Los vientos muchas veces no ayudaban. A los miembros de la tripulación y a los pasajeros se les advertía que el viaje sería difícil y con mucho daño, no solo para la carga y el barco, sino también para sus propias vidas. Los vientos eran impetuosos. Esto produjo “una tempestad no pequeña” (v. 20). Una vez que el barco se vio envuelto en la tormenta, “no pudiendo hacer frente al viento,” como la traducción literal del pasaje sugiere. Se dice que el capitán del barco “lo dejó a la deriva.”

            Gran parte del trabajo lo hacían los responsables de la nave. La nave era agitada tremendamente por la tempestad que era casi imposible dirigirla correctamente. Además los vientos violentos, pertinaces y las olas embravecidas sin misericordia, los enfrentaron a la posibilidad de naufragar. “Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días.” ¡Qué peligros creaban el mar y el clima!”

La necesidad de un puerto

            La naturaleza parecía decidida a destruir esa embarcación. En esa terrible situación, su capitán necesitaba de un puerto. Las embarcaciones necesitan de puertos, porque no pueden navegar a mar abierto por siempre. ¡Ni tampoco podemos nosotros! El hombre cansado y afligido debe encontrar un refugio o un lugar de descanso en el camino, de lo contrario, las violentas tormentas de la vida harán naufragar su barco.

            No podemos esperar que el mar esté siempre calmado. Soplarán vientos contrarios. Nos aguardan en el viaje de la vida dificultades graves. En ocasiones, el mar se hará impetuoso. Será difícil para nosotros “hacer frente a los vientos de la vida” y también existirá la posibilidad de naufragio.

            Como todas las naves que surcan los mares, el hombre, también debe tener un lugar de refugio. Su alma anhela un buen puerto en el que con seguridad pueda anclar su alma en paz.

            Sería ridículo para un barco anclar en un puerto que se conoce como inseguro. No todos los puertos son seguros. Las naves pueden estar más seguras en el mar que en algunos puertos. Todos los que navegan en el océano de la vida añoran un refugio en que sus vidas puedan estar estables cuando los vientos contrarios golpean o la tempestad amenaza.

Un puerto que no era adecuado

            Durante el viaje de Pablo a Roma, el capitán del barco se negó a quedarse en el puerto porque era “incómodo el puerto para invernar” (Hechos 27:12). El puerto era llamado “Buenos Puertos” (v. 8). Contrario a lo que el nombre pudiera sugerir, no era un lugar seguro para que la nave anclara.

            Aquí está el corazón de nuestra lección. Por lo que se refiere a las necesidades de la nave y la conveniencia de refugiarse ahí, este puerto no era fiel a su nombre. No era ciertamente un “buen refugio.” Podría haber estado todo bien en algunas ocasiones, ¡pero no haría que la nave estuviera segura durante la tormenta!

            La expresión, “incomodo el puerto para invernar,” significa “no apropiado, no bien equipado o ubicado, no adecuado; no adaptado.” Si la nave anclaba ahí, podría estar sujeta a posibles daños y finalmente al naufragio por las tormentas y el invierno por venir. Simplemente no era un puerto en que los marineros pudieran confiar.

            En la vida, hay puertos que al igual son “incómodos para invernar.” No solo son “inadecuados,” tampoco están equipados para llenar nuestras necesidades. Algunos de esos podrían proponer ser “buenos puertos” y podrían estar bien ubicados y llenar alguna necesidad, ¡pero no son lo que afirman ser cuando surgen las tormentas! Si alguien anclara su vida ahí, estaría sujeto a daño y finalmente al naufragio de su alma.

            El capitán de la nave de Pablo conocía muy bien el mar, de la clase de clima de los meses invernales y de la importancia de un puerto seguro y confiable, no podía darse el lujo de anclar ahí. Se negó anclar ahí en busca de uno más adecuado. ¿Por qué los hombres no podemos actuar en forma prudente con nuestras propias vidas y almas?

            No se equivoque, las tormentas invernales vendrán, debe elegirse un puerto que sea totalmente adecuado para que llene las necesidades en cualquier problema o crisis que pudiera surgir. Debe ser un lugar de refugio, un alberge, uno en el que se pueda confiar para una completa protección de las tormentas más violentas. No solo porque tenga un nombre agradable, sino que en realidad sea un “buen puerto” en el que el barco de la vida puede estar protegido en forma segura “en tanto que pasa la indignación” (Isaías 26:20).

Otros puertos que fallan

            Buenos Puertos no fue el único puerto que probó ser decepcionante para estos marineros. Buscaron refugio en otros puertos, pero estos también eran inadecuados. Lo inadecuado de uno era evidente, pero las deficiencias de los demás no se reconocieron rápidamente.

            ¿En qué otros “buenos puertos” buscarían estos hombres pasar el invierno? ¿Dónde estarían ancladas sus esperanzas de seguridad? ¿En qué confiarían en tiempos de peligro? ¿En dónde pondrían su confianza?

  • Buscaron refugio en su propia capacidad e ingenio. Usaron sus razonamientos más sabios y sus mejores capacidades, pero no fueron suficientes. “Suponiendo que hubieran cumplido su propósito,” buscaron refugio en la sabiduría de la mayoría. Votaron, “la mayoría” (v. 12) hizo su sugerencia, pero incluso la regla de la mayoría se vio más tarde que fue poco prudente.

            Los marineros, con todo su entrenamiento, estuvieron cerca de ser pérdida. Incluso el propietario y capitán del barco se equivocó, aunque conocía bien su embarcación, aunque conocía el mar y conocía algo de las condiciones meteorológicas, su conocimiento, experiencia y capacidad no fueron lo suficientemente adecuadas para lidiar con los problemas que el mar había creado.

            Alguien podría pensar que el consejo combinado y la capacidad de doscientos setenta y siete pasajeros podrían muy bien resolver cualquier problema que pudiera surgir, pero el hombre no puede depender demasiado de su pensamiento únicamente. Hay algunas cuestiones que el hombre más sabio sobre la tierra no puede manejar por sí mismo.

            ¿Qué estuvo mal? ¿No debería el hombre usar su habilidad e ingenio? ¿No ha funcionado esto en el pasado? Eso funcionará en ocasiones, pero hay veces en que no lo hará. “El que confía en su propio corazón es necio” (Proverbios 28:26). Estos hombres fueron necios en que “no consultaron a Jehová” (Josué 9:14).

            Aquí radica la razón de muchos de nuestros fracasos. Esta es la raíz de muchos de nuestros problemas. Estos marineros no tomaron en cuenta el hecho de que Dios controla el mar y los elementos naturales. Que también controla la existencia del hombre sobre la tierra. Pero el hombre frecuentemente insiste en confiar en su propia sabiduría y juicio.

            “Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte” (I Corintios 1:25-27).

            Solo cuando el hombre pone su fe en Dios, es que estará a salvo. “Venid ahora y razonemos, dice el Señor” (Isaías 1:18 LBLA). Dios siempre tiene la razón, pero el hombre muy a menudo se equivoca. El hombre está tan vacío sin Dios…¡tan tremendamente indefenso!

  • El Poder y la fuerza no probaron ser un puerto seguro para ellos. El gobierno romano, uno de los más poderosos en el mundo que se hayan conocido, estaba representado en la persona del centurión. Era de la compañía de Augusto. Para custodiar a los prisioneros tenía a su disposición cualquier arma o garrote, pero muy seguramente se dio cuenta de que no siempre el establecimiento de un refugio es posible a través de la fuerza.

            El gobierno civil sin lugar a dudas tiene su lugar. Fue ordenado por Dios y se le debe respetar y someterse (Romanos 13:1-7; I Pedro 2:13-17), pero hay algunas cosas que los mejores gobiernos sobre la tierra (excepto el reino de Cristo) no pueden dar ni proporcionar. ¿Qué protección puede ofrecer para el alma? ¿Qué seguridad puede dar contra las muchas tormentas de la vida?

            Sería muy imprudente anclar todas sus esperanzas solo en la fuerza y poder gubernamental. Recuerde, que incluso los gobiernos más poderosos del mundo están aun bajo el ojo vigilante y la mano controladora de Dios. Los sostiene a todos en la palma de su mano. El manejo poderoso de la bomba atómica o el poder para poner a los hombres al espacio exterior, no es, en sí mismo, un puerto adecuado para las esperanzas de una vida abundante. Confiamos demasiado en la fuerza física y no lo suficiente en lo espiritual.

            Escuche algunas de las advertencias que Dios dio a su pueblo en días pasados. “Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, más con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas” (II Crónicas 7:8). “¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda y confían en caballos y su esperanza ponen en carros, porque son muchos y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!” (Isaías 31:1).

             “He aquí que confías en este báculo de cascada, en Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos los que en él confían” (II Reyes 18:21). ¿No se nos ha dicho que “ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes”? (Eclesiastés 9:11). “La justicia engrandece a la nación; Más el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:34).

            “No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre. Se complace Jehová en los que le temen y en los que esperan en su misericordia” (Salmo 147:10, 11). Nuestro Dios “es poderoso para hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20). ¡Solo aquí nuestras vidas sacudidas por las tormentas encuentran un refugio para descansar!

  • Otro puerto que resultó decepcionante fue la riqueza. El dinero se podría describir como “un proveedor universal para todo menos para la paz y la felicidad y un pasaporte universal para todo menos para el cielo.” Decimos que “el dinero habla,” pero hay ocasiones cuando debe permanecer en silencio. Existe una alegría que ninguna cantidad de dinero puede dar (I Timoteo 6:7).

            La embarcación de la que estamos estudiando parecía que iba cargada de trigo y otros productos. Sin duda, bastante riqueza estaba involucrada. La nave fue aligerada de su aparejo, y dos veces aligerada de una gran parte de su carga. ¿Qué podría hacer esa riqueza para alejar o tener bajo control la tormenta que se había presentado?

            A los hombres con dinero se les advierte “que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (I Timoteo 6:17). La riqueza no puede proteger el alma de una persona contra la soledad y el vacío espiritual. Job rechazó poner “en el oro su esperanza” o decirle al oro fino, “Mi confianza eres tú” (Job 31:24).

            ¿Qué podía hacer el oro durante la tormenta? ¿Qué esperanza puede dar el dinero durante un bombardeo? ¿Qué pueden hacer las posesiones materiales para restaurarle la vida a un ser querido que ha fallecido? ¿O para evitar la muerte? Podría asegurar a la familia que se queda, ¡pero no al que muere!

            ¿Pueden los bienes terrenales impedirnos entrar al valle de la sombra de muerte? ¿Pueden dar paz a un corazón atribulado y destrozado? “¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas, como las alas del águila y volarán al cielo” (Proverbios 23:5).

            ¡Qué “insensato” fue el rico agricultor que buscó su refugio en el puerto de la riqueza (Lucas 12:16-21)! La riqueza puede crear una tempestad en el puerto, ¡pero no puede establecer un puerto en la tempestad!

  • Incluso la “suerte” no se convirtió en un puerto propicio para ellos. Cuando todo lo demás falla, el hombre con mucha frecuencia lleva sus posibilidades a la “suerte.” Esto no funciona. ¡Es demasiado impredecible y poco fiable!

            En la descripción de la tempestad y de los peligros creados por ella, se hace mención en Hechos 27, que “ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos” (v. 20). El capitán, por un momento, pensó que habían caído sobre algunas rocas y los marineros “echaron cuatro anclas por la popa y ansiaban que se hiciese de día” (v. 29). Esto se hizo y como si, por una extraña coincidencia, ¡la luz del día apresurara su llegada!

            “Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave.” El siguiente versículo dice, “Cortando, pues las anclas, las dejaron en el mar” (v. 39-40)

            “Ansiaban que fuese de día.” “Si pudiesen” harían esto o aquello. “Las dejaron en el mar.” La suerte ya no parecía cooperar. Estaban a la merced del mar. Estaban en medio de la cruel tempestad y sus brutales brazos. ¿Por qué no pudo favorecerlos la suerte en ese momento? Estos hombres no se daban cuenta ¡que Dios es quien controla el mar y los vientos! Si hubieran confiado más en la fe y menos en el destino, podrían haber encontrado el refugio que buscaban.

 Ningún puerto es adecuado sin Dios

            Parecía que la nave y todos sus pasajeros estaban condenados al fracaso. Eso pudo ser verdad, de no haber sido por una cosa—¡el refugio que un pasajero había encontrado en su Dios! Un ángel apareció a Pablo con un mensaje de esperanza de la orilla del cielo. Había refugio en ese mensaje y hay refugio en el mensaje de Dios para nosotros ahora. ¿Creerá este mensaje como Pablo lo hizo? ¿Irá ahí por su seguridad como Pablo lo hizo? Muchos años antes, David encontró ese refugio. Dijo, “Oh Jehová; en ti me refugio” (Salmo 143:9).

            Después de recibir el mensaje del ángel, Pablo dijo, “Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho” (Hechos 27:25). ¡Qué confianza! ¿Y por qué no? ¡Porque ningún puerto es adecuado sin Dios!

            Hay un anclaje eterno en la Palabra de Dios (Hebreos 6:18, 19). Al final hay ruinas separado de ella. David dijo, “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mis socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda” (Salmo 121:1-3).

            El gran Salmo de David sobre el refugio concluye con estás reconfortantes palabras: “Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (versículos 7 y 8). ¡Solamente en la Palabra de Dios podemos encontrar tal protección!

            De acuerdo a nuestro texto (Hechos 27), había momentos cuando “el viento del sur sopló suavemente” y había momentos cuando “los vientos eran contrarios.” Había momentos cuando parecía que esos vientos cumplirían su propósito; y había momentos cuando “la nave estaba sumamente agitada por la tempestad.”

            ¿Pero quién controlaba esos vientos? ¿Quién ordenaba las acciones del mar? ¿Quién ocultó la luna, el sol y las estrellas para que no brillaran por varios días? Él —Dios— era el único al que se debía tomar en cuenta; sin embargo, ninguno de los pasajeros, sino solo Pablo lo había consultado. ¡El ingenio humano, la inteligencia, la inventiva y la intención fracasaron! ¡El poder y la fuerza no fueron de ayuda en un momento como este! ¡Las posesiones terrenales no pudieron hacer nada! ¡Incluso la suerte no pudo tranquilizarlos! Su única esperanza estaba en Dios, que tiene el control de todas las cosas.

            “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia” (Salmo 127:1). Ningún puerto que haya sido construido y cuidado por el hombre es perfectamente adecuado para la protección del alma. Jacob pudo ver la sabiduría de buscar el refugio en la casa de Dios. Él dijo, “No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo” (Génesis 28:17).

            “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:13, 14). Ninguna casa o planta—hogar, iglesia o institución—que no haya sido edificada mediante el diseño de Dios, no es perfectamente segura como un puerto adecuado.

            Aquí está la profecía acerca de Cristo, para la era cristiana y el refugio que puede encontrarse en el Señor. “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio. Y será aquél varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Isaías 32:1, 2).

            Los placeres del pecado no son duraderos, sino sólo temporales (Hebreos 11:25). Los deseos no pueden satisfacerse por que “batallan contra el alma” (II Pedro 2:11). Las armas de guerra no son siempre de fiar, sino “mejor es la sabiduría que las armas de guerra” (Eclesiastés 9:18). “Mejor es la sabiduría que la fuerza” (Eclesiastés 9:16).

            Uno no puede “ahogar sus penas,” ni “aminorar el dolor” de su alma — ¡excepto en Cristo! No es suficiente tener un credo que defender: ¡debe tener un credo que lo sustente! Para ese credo, escuche las palabras de consuelo de Josué: “no ha faltado ninguna de ellas” (Josué 23:14).

Dios es mi refugio

            Josué había experimentado cuarenta años en los hornos de ladrillos en Egipto; había pasado cuarenta largos años en el desierto; y en el tiempo de esa declaración, había pasado treinta años en la tierra prometida. Por lo tanto, podía hablar por experiencia. Lo sabía, no eran solo conjeturas, ni era algo que otro le hubiera dicho; si no más bien, estaba dispuesto a anclar su alma para el mundo venidero ¡en lo que él mismo había visto en Dios!

              “No ha faltado ninguna de ellas.” Este fue el último testimonio de Josué. Para él, esa faceta de las promesas inagotables de Dios fue el puerto más adecuado que se pudiera encontrar.

            De otro pasaje tenemos este testimonio: “Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado” (I Reyes 8:56). El Señor “no retarda su promesa” (II Pedro 3:9). Sus promesas son “preciosas y grandísimas” (II Pedro 1:4). Uno bien puede encontrar en estas promesas “un refugio adecuado para invierno.”

            A través de su Hijo, Dios ha prometido “toda bendición espiritual” (Efesios 1:3). A través de Cristo tenemos “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (II Pedro 1:3). Note la suficiencia que tenemos en la Palabra: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (II Timoteo 3:16-17). “

            “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera” (I Timoteo 4:8).

            Si rechazamos a nuestro Señor, “¿a quién iremos?” (Juan 6:8). Él no rechazará a ninguno que, a través de la obediencia (Hebreos 5:8, 9), se refugie ahí (Juan 6:37). “En la sombra de las alas de Dios” ahí está el refugio (Salmo 57:1). Él “es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (II Timoteo 1:12).

            Es muy peligroso navegar en los mares de la vida sin tener un puerto adecuado. Solo Cristo puede proporcionar el refugio que necesitamos. Si pudo proteger a un pequeño bote de la más dura de las tormentas (Marcos 4:36-41), seguramente protegerá nuestras vidas ahora (I Pedro 5:7).

            Esto no será así al menos que estemos “en Cristo.” Esas dos pequeñas palabras se encuentran muchas veces en el Nuevo Testamento. Sugieren (1) una posición, (2) un privilegio, (3) una posesión y (4) una práctica. Donde Él está (posición) ¡deberíamos querer estar! Lo que Él es (privilegio), ¡deberíamos querer ser! Lo que Él tiene (posesión), ¡deberíamos querer tener! Lo que Él hace (práctica), ¡deberíamos querer hacer! Él dice, “porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).

            ¿Cómo puede un hombre entrar a Cristo sin ser “bautizado en Cristo”? No solo somos “bautizados en Cristo,” sino que “somos bautizados en su muerte” (Romanos 6:3, 4). ¡Qué privilegio, qué posición, qué posesión; qué práctica! “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que vuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:5, 6).

            ¿Por qué no buscar el refugio que Cristo ofrece y por qué no hacerlo ahora? Hay peligro en la demora. “La noche está avanzada y se acerca el día” (Romanos 13:12). No hay refugio para los que se niegan a obedecer el evangelio (II Tesalonicenses 1:7-9). “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (II Corintios 6:2).

            Que Dios lo ayude a aceptar la protección que ofrecen los puertos que son perfectamente adecuados y ¡que evite todos los otros que “son incómodos para invernar”!

Para descargarlo en pdf haga click aquí: 02Puertos Inadecuados  

                                      Al español

Jaime Hernández

Querétaro, Mex. Noviembre del 2011

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