UN DÍA PARA RECORDAR

Un día para recordar

(Hechos 2)

Por  Earl I. West

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.” (Hechos 2:1).

ManosINTRODUCCIÓN

En casi toda nación el recordar un día en particular es muy importante para la gente. Por ejemplo, en Estados Unidos recordamos el 4 de Julio de 1776, como el día en que se emitió nuestra declaración de independencia. De esta manera el 4 de Julio se ha convertido en un día especial para cada americano. En Francia, el 14 de Julio es el Día de la Bastilla. El Día de la Bastilla se compara con nuestro 4 de Julio. En este día en 1784, durante la Revolución Francesa, el pueblo francés obtuvo su libertad de los tiranos que los gobernaban.

            Para los primeros cristianos y los que actualmente están tratando de regresar al cristianismo del Nuevo Testamento, el día de Pentecostés es un día inolvidable. En el día de Pentecostés, Dios empezó una nueva administración completamente.

            Todo en el pasado había apuntado hacia el día de Pentecostés. Los profetas habían dicho de un tiempo por venir cuando el Espíritu Santo se derramaría sobre los apóstoles. La vida de Jesucristo señalaba a través de su propia vida, muerte, sepultura y resurrección como etapas preparatorias para lo que sucedería en el día de Pentecostés. Desde este día en adelante, la religión se convirtió en algo totalmente diferente del judaísmo del Antiguo Testamento. En Pentecostés, Dios instituyó  un  nuevo tipo de administración para gobernar sobre su pueblo.

            El día de Pentecostés era considerado por los judíos como muy significativo. En el Antiguo Testamento, el día llamado la Fiesta de las Semanas iniciaba al final de su Fiesta de la Cosechas. En el sábado siguiente de la Pascua, los sacerdotes ofrecían dos panes a Dios. Estos panes se hacían del primer trigo que se juntaba durante el tiempo de la cosecha. Los dos panes empezaban un gran periodo de fiesta. Los judíos debían contar siete semanas a partir de ese sábado. El día después de la séptima semana, el cincuentavo día, los judíos lo llaman la Fiesta de las Semanas. Era el clímax de un período largo de acción de gracias a Dios de fiesta y cosecha. En este día todos los judíos varones debían venir al templo en la ciudad de Jerusalén de todas partes de Palestina con el objetivo de adorar a Dios.

            Alrededor del 700 a.C., los judíos empezaron a dispersarse por todas partes del mundo mediterráneo. En los tiempos del Nuevo Testamento, los judíos venían de muchas naciones de alrededor del Mediterráneo a Jerusalén para recordar el día de Pentecostés.

            La literatura rabínica dice que el día de Pentecostés era un día muy especial para el judío. Algunos de los rabinos contaron los días uno por uno desde que la primera Pascua se observó en Egipto hasta que los hijos de Israel cruzaron el desierto, pasaron el Mar Rojo y vinieron al Monte Sinaí para recibir la ley. En el conteo meticuloso de todos esos días, los antiguos rabinos habían llegado a la conclusión que Dios les dio la ley en el Monte Sinaí en el día de Pentecostés. Decían “Cincuenta días después de la primera Pascua la ley fue dada en el Monte Sinaí.” La Biblia no dice nada de esa idea. Pero, según lo que sabemos de los pensamientos y hábitos judíos, cuando ellos se reunían a observar la Fiesta de las Semanas en el día de Pentecostés, pensaban no solo en el punto culminante de un largo periodo de gracias por la cosecha; sino también pensaban en la ley de Moisés.

            En este día en Hechos 2 Dios empezó su nueva administración. En este día Dios mostró su misericordia; tres mil personas fueron salvadas en lugar de ser condenadas por el Todopoderoso.

            Nunca podríamos entender el verdadero significado e importancia del día de Pentecostés si no recordamos el segundo capítulo de Hechos. Este capítulo de Hechos resalta tres fenómenos especiales que ocurrieron durante el día de Pentecostés.

I. EN PENTECOSTÉS VINO EL ESPÍRITU (2:1-4)

            Primero que todo, el Espíritu Santo fue derramado sobre los apóstoles en este día. Hechos 2:1-4 dice,

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

            Este acontecimiento insólito debe señalarse como significativo; ocurrió como resultado de una promesa que había sido hecha a los apóstoles.

            En Hechos 1:4, 5 nuestro Señor se había reunido con los doce apóstoles justo antes de su ascensión. Les mandó “que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” En otras palabras, les dijo a los apóstoles, “Quiero que permanezcan en Jerusalén; no se retiren de ella. En el momento oportuno, vendrá sobre ustedes el derramamiento del Espíritu Santo.”

            Algunos tienen la idea que los 120 discípulos recibieron el bautismo del Espíritu Santo. Esto no es verdad en lo absoluto. El último versículo del capítulo 1 dice, “Y les echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles” (Hechos 1:26; itálicas mías). El siguiente versículo dice, “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1; itálicas mías). La declaración “estaban todos unánimes juntos”  se refiere a los doce apóstoles. En el contexto del capítulo, este hecho se confirma. En el versículo 7, Lucas escribió, “Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?” (Hechos 1:7). En otras palabras, los únicos que hablaron por el Espíritu Santo eran galileos, pero los 120 no eran todos galileos. Lucas también añadió, “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz” (Hechos 2:14). Había solo doce de ellos que levantaron sus voces en lenguas en esa ocasión en particular.

            Hechos 2:37 dice, “Al oír esto, se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿Qué haremos?” Claramente, por todo el capítulo, los apóstoles son los únicos que recibieron el Espíritu Santo. Fueron los únicos que hablaron en nuevos idiomas. Fueron los únicos que informaron a la gente lo que debían hacer para ser salvo. Por lo tanto, la promesa de Juan que había sido hecha, fue una promesa que se refería a los apóstoles de Cristo.

            Además, el Señor les había dicho a sus discípulos que no se fueran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Espíritu Santo. A estos apóstoles nos solo se les había prometido el Espíritu Santo por Juan el bautista, sino también por Jesucristo mismo.

            Mas tarde, cuando Pedro se refirió a esta promesa en Hechos 2, dijo, “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel” (Hechos 2:16). Se refería a Joel 2:28. Joel vivió en una época cuando los pecados de Israel eran particularmente graves. Joel le señaló al pueblo de Israel que la ira de Dios caería sobre ellos a causa de su maldad. Predijo que Dios iba a inundar la tierra entera con langostas. Estas langostas serían horribles; serían la venganza divina sobre el pueblo a causa de su pecado. En su profecía, también veía un día más feliz. Joel predijo que ese día llegaría cuando Dios sería un Dios de misericordia. Mostraría su gracia dando al pueblo inmensurables bendiciones. Entre sus bendiciones sería un derramamiento del Espíritu Santo. Por este medio y a través de los apóstoles, el pueblo sería guiado a toda la verdad. Con el Espíritu Santo, estos apóstoles estarían capacitados para ir al mundo entero con el mensaje de Jesucristo.

            Usted y yo podríamos preguntar, ¿Cuál fue el propósito de las lenguas?” La respuesta es muy clara. Pablo explica el propósito parcialmente en I Corintios 14:22. Dijo, “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos.” El hablar en lenguas fue obviamente un milagro. En el Nuevo Testamento un milagro es una señal. En Juan 20:30, 31, Juan dijo,

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

            Una señal era una indicación de la presencia de Dios. Con el Espíritu Santo Pedro predicó que Jesucristo era el Hijo de Dios―¡crucificado, sepultado y resucitado!

            ¿Cómo sabía el pueblo que Pedro estaba hablando la verdad? Ya que las señales eran milagros obvios, sirvieron de propósito de corroborar el mensaje que Pedro pronunció. En Hechos 2 Pedro dijo,

Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su  descendencia, en  cuanto  a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. (vv. 29-31).

            Pedro continuó diciendo que todos ellos eran testigos de la resurrección. Luego añadió, “Así que, exaltado por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:33). En otras palabras, Pedro dijo, “Nosotros los apóstoles somos capaces de hablarles en lenguas hoy y se preguntarán ¿Por qué? Porque al que crucificaron ha ido a la derecha del Padre. Y ahí ha recibido poder para enviar sobre nosotros el Espíritu Santo. El derramamiento del Espíritu Santo es una indicación que la vida, obra, muerte y resurrección de Cristo son hechos cumplidos y que Dios se agradó con todo lo que su Hijo llevó a cabo.”

            El Espíritu Santo fue dado como un tipo de aprobación divina sobre los apóstoles. En el primer capítulo de Hechos, el Señor les prometió a los apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo a Jerusalén. La venida del Espíritu Santo sería una prueba inequívoca de que Jesús se había ido al cielo como lo prometió y se había sentado a la derecha de Dios.

            Por todo el Nuevo Testamento, la aparición del Espíritu Santo indica la aprobación de Dios. Note el argumento de Pablo en Gálatas 3. Pablo se había ido a Galacia a predicar el Evangelio. Se había marchado y a su paso otros habían venido predicando. Ellos probablemente decían, “Pablo realmente no está predicando el Evangelio; Pablo realmente es un falso maestro.” Estaban denunciando lo que Pablo había hecho en Galacia. Pablo escribió la carta a los gálatas para defender su ministerio. Declaró que el mensaje que había predicado había sido recibido del Espíritu Santo. La presencia del Espíritu Santo era el sello divino de aprobación sobre la predicación del Evangelio.

            Usted lo consideraría muy extraño si un hombre me dice algo, y yo digo, “Sí,” y otro hombre hace una declaración contradictoria, pero yo digo todavía que, “Sí.” Si digo, “Estoy de acuerdo con ambos,” usted pensaría que he perdido mis sentidos. ¿Cómo podría alguien estar de acuerdo con dos personas con creencias opuestas? Creemos que Dios puede. La venida del Espíritu Santo en los tiempos Bíblicos fue el sello de aprobación de Dios sobre lo que los apóstoles estaban enseñando.

  1. EN PENTECOSTÉS LA IGLESIA INICIÓ (2:22-36)

            En el día de Pentecostés, la iglesia empezó. El Espíritu Santo estuvo implicado activamente en todos los eventos de Jesús. El Espíritu Santo participó en el arribo de Jesús al mundo. Dios colocó su aprobación divina en su nacimiento. Cuando la iglesia del Señor Jesucristo nació en el mundo, nació en medio de la actividad del Espíritu Santo. Por la presencia del Espíritu Santo en este gran evento, Dios estaba diciendo que Él aprobaba la iglesia.

            Era la obligación de Pedro en su sermón aclarar cualquier malentendido. Se pensaba que Pedro y los apóstoles estaban ebrios. Pedro dijo que era solo la hora tercera de la mañana y que no podrían estar tomados. Entonces, Pedro empezó a predicar. El corazón de su mensaje fue que Jesucristo era el Hijo de Dios y que había sido crucificado por la multitud. Él dijo, “No pusieron atención a la ley de Dios. Por la rebelión de sus corazones clavaron al mismo Hijo de Dios en la cruz.” Además dijo que fue clavado en la cruz, que fue sepultado y levantado de su tumba y está ahora a la derecha de Dios. Él es nuestro supremo Señor. Ésta es ahora su administración. A través de la vida y de las enseñanzas de Jesucristo, todos los hombres deberían ser traídos al entendimiento de la voluntad de Dios. Tal como Pedro hizo eco más tarde, no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres para poder ser salvos (Hechos 4:11, 12).

III. EN PENTECOSTÉS UNA MULTITUD OBEDECIÓ (2:37-47)

            Después que Pedro predicó ese gran sermón, un tercer evento ocurrió convirtiendo ese día en un día extraordinario. Este tercer evento fue la respuesta fenomenal de la gente al mensaje de Pedro. Había una oleada de emoción. En primer lugar, las palabras de Pedro destrozaron sus corazones. La Biblia dice, “Se compungieron de corazón” (Hechos 2:37). Pedro confrontó a esta gente con sus propios pecados. Vieron por primera vez lo que realmente eran. Cuando reconocieron que lo dicho por Pedro era verdad, dijeron, “Varones hermanos, ¿Qué haremos?” (Hechos 2:37). Esa era una pregunta lógica.

            Le preguntaron, “¿Qué haremos? Hemos hecho lo malo. Estamos condenados delante  de  Dios   por   lo  que  hemos  hecho. ¿Podemos hacer algo al respecto?” La respuesta de Pedro fue: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Se nos dice en el siguiente versículo que los que recibieron sus palabras fueron bautizados y el Señor añadía a la iglesia a los que habían de ser salvos. Note como Pedro vinculó el arrepentimiento y el bautismo. El bautismo y el arrepentimiento son necesarios para la remisión de los pecados. Nuestra respuesta al arrepentimiento y al bautismo es la prueba real de si o no nos estamos sometiendo a la voluntad de Dios. Nos enfrentamos cara a cara con dos alternativas de vida: podemos obedecer a Cristo y recibir su promesa de perdón o podemos desobedecerle y permanecer condenados con la culpa. Todos tenemos que tomar esta decisión tarde o temprano. En el día de Pentecostés, hubo tres mil personas que escucharon a Pedro y decidieron obedecer. Sus almas fueron importantes para ellos.

CONCLUSIÓN

            ¿Cuánto vale su alma para usted? ¿Esta dispuesto a responder a lo que Pedro dijo hace mucho tiempo? Si está dispuesto a arrepentirse y ser bautizado, sus pecados serán perdonados. Este no es mi mensaje; es el mensaje de la Escritura. Fue lo que Jesús mando a Pedro que predicara (Lucas 24:46-48). ¿Qué hará usted?

Versión al Español

Jaime Hernández Castillo

Querétaro, Mex. Enero del 2010

Descargar en pdf, 4 páginas tamaño carta:   Pentecostés

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