EL PAPEL DEL PREDICADOR EN LA UNIDAD DE LA IGLESIA LOCAL

CAPÍTULO 8 DEL LIBRO “EL PREDICADOR EN LA INTIMIDAD”

Rompiendo la unidadLos que sirven al pueblo de Dios en posiciones de liderazgo cargan una gran responsabilidad cuando de la unidad se trata debido a su posición, sea como ancianos, diáconos, maestros, predicadores o en algún papel “no oficial” que ejerza influencia hombre o mujer de reputación, talentoso, experimentado, maduro, etc.

Pedro llamó a los ancianos a ser “ejemplos de la grey” (I Pedro 5:3). Pablo demandó de Timoteo que fuera “ejemplo de los creyentes” (I Timoteo 4:12). A los hombres y a las mujeres adultas se les recuerda de la importancia de su carácter y ejemplo en Tito 2:1-5.

Aquellos que dirigen deben estar siempre conscientes del impacto de sus actividades, actitudes, reacciones y juicios. Sin embargo, por desgracia, la división reina debido a los que guían al pueblo de Dios lo dividen poniendo unos en contra de otros. Y lamentablemente con mucha frecuencia es la voz de los predicadores la que se eleva por encima del combate y anuncia la disensión.

Los predicadores, debido a la naturaleza de su trabajo, poseen la capacidad para hacer gran bien pero también para hacer gran mal. Su trabajo es proclamar el evangelio (II Timoteo 2:2; 4:1ss) y tal proclamación se presta para la posibilidad de gran influencia. Son consultados por su conocimiento o confían en ellos. Se convierten en objetos de afecto para aquellos a quienes les han llevado al Evangelio. Tanta influencia puede ser una fuerte tentación hacia sobre valorarse y los problemas surgen por una simple objeción, crítica o incluso desacuerdo. De repente, el ego del predicador se siente amenazado y empieza el proceso de auto defensa, de auto promoción y de la destrucción sistemática del enemigo. Los sermones empiezan a girar en torno al tema en cuestión. Las conversaciones privadas son condimentadas con insinuaciones y sugerencias. Se le anima a la gente a ponerse del lado de un hombre y en contra del otro. “El tema” se convierte en una prueba de fuego a la lealtad y la verdadera obra de predicar el Evangelio, de edificar al cuerpo de Cristo y de buscar al perdido se desplaza por la guerra civil congregacional.

Es una vergüenza para nosotros, cuando dividimos el cuerpo de Cristo por el orgullo personal. Descargar lección en archivo pdf, 7 páginas tamaño carta: 11En la unidad de la iglesia

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