LA DISCIPLINA DEL PREDICADOR

CAPÍTULO 2 DEL LIBRO “EL PREDICADOR EN LA INTIMIDAD”

“La disciplina diaria del predicador.”

El trabajo del predicador es diferente a los trabajos “regulares.” En la mayoría de estos, hay un jefe que pone la agenda diaria o un reloj que mide el tiempo empleado en determinada labor. No obstante los predicadores con frecuencia no se monitorean su día de trabajo. A muchas iglesias incluso no les importa si el predicador tiene horas regulares de oficina. Siempre que el predicador esté listo para enseñar la clase bíblica y tener sus dos sermones preparados para el domingo, los hermanos están contentos con dejar que programe su tiempo como él desee. Eso representa un desafío para la disciplina del predicador porque tiene que decidir qué hacer y cuándo hacerlo.

dominio propioAsí el predicador llega a la oficina el lunes en la mañana y la semana se cierne delante de él, lleno de promesas y oportunidades. Parece que hay mucho tiempo para todo, así que ¿por qué no navegar por internet por un momento? Luego algunos e-mails que necesitan responderse y por supuesto, dado que alguien le mandó una broma necesita tomar algo de tiempo para encontrar algo similar para responderle. Ver las novedades en Facebook toma solo un minuto, un minuto que rápidamente se estira a quince minutos o más. Luego un juego rápido en el celular (o dos) y antes que uno se dé cuenta ¡se fue el día!

El no planear y cumplir con sus responsabilidades asignadas significará que también descuidará a su familia al pasar más horas por las tardes para compensar la pérdida de tiempo durante el día. El predicador necesita tener disciplina, “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda” (Proverbios 25:28).

Descargar lección en pdf, 6 páginas tamaño carta: 05La disciplina

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Un comentario en “LA DISCIPLINA DEL PREDICADOR

  1. Quiero agradecer a mi hermano Jaime Hernández por la traducción de este material que es de gran apoyo para un servidor. Mi persona, mi familia y la iglesia lo agradece, pues en verdad me ha estimulado al amor a y a las buenas obras. Hoy ayudándome a reconocer que necesito dominio propio. Y con respecto al la ética del predicador; enseñándome a ser considerado con la congregación desde un punto de vista práctico, para gozar de la confianza del pueblo de Dios al cual sirvo, y así poder gozar de su colaboración en la obra del ministerio. Confirmando una vez más que es mejor tratar con amigos que con enemigos y que esto es responsabilidad mía como predicador, y no de los demás.

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